jueves, 21 de enero de 2010

El tiempo libre sangrando, muriendo y pidiendo "Auxilio, Divino". Divino no escucha


Mientras pensaba ciento treinta y dos variaciones diferentes de morir sin ensuciar mi playera* (en secreta y horrorosa colaboración con las películas de George Romero), recordé, milagrosamente, que, hacía mucho tiempo, me había propuesto con harto entusiasmo hacer valer los derechos de los jóvenes y las bondades naturales del prejuicio, con un gráfico de esos en los que prevalecen las etiquetas llenas de gracias. Todo para demostrar que la capacidad de vergüenza propia es inversamente proporcional con respecto a la edad; y la edad, a su propia Vez, inversamente proporcional a la vergüenza ajena. La propia Vez de la edad me pareció muy impropia y me morí o me horroricé o me dormí. Fui un poco feliz con este caudal de cuestiones que se presentaban de manera inédita por debajo de mi calavera y que me revelaban nuevas ocupaciones. El culmen de la eternidad inmóvil, el culmen de la felicidad de museo, llegó cuando pensé que para poner en marcha este último proyecto, podría utilizar uno de esos complementos de Microsoft Office que siempre leo por arriba pero se que existen y se llaman PowerTronicNintendo. Después, no quedaba más que intuir que la hora de la carne pálida** sería antecedida por un golpe metálico y sinfónico de reloj, y que ese golpe era más inminente de lo que pensaba. Pero eso lo intuí cuando recordé que otra cuestión esperaba de mi ejecución: tenía que obtener, de cualquier manera posible, el soundtrack de Los Sims y, tras unos sofocantes minutos, decidir cual era la canción más depresiva. Demasiados pensamientos y un tiempo demasiado completo y demasiado real, mis cuentas pendientes me iban acelerando los días. Súbitamente, una taza de café con leche descendió del cielo y se encendió porque dijo "tú eres el apóstol de la vida", y yo casi creí que me moría. Dediqué el tiempo restante a eliminar de mi mente, el momento en el que eliminaba de mi mente, la acción de eliminar de mi mente los minutos anteriores a La Venida del Café con Leche, y lo llené con arena.

Y cuando pensaba que mi mente aparcaría* su motivo angélico y me concedería, en forma de monedas de oro, unos minutos de descanso, en ese momento entendí que todavía existían otros temas que necesitaban de mi intercesión. Como decidir cual de los siguientes comerciales* es más bizarro.

La cruz de la plegaria. Nunca antes, usted gozó del milagro de un cilicio de bolsillo.


"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, así empieza una de las más importantes plegarias del cristianismo. Y ahora, está plegaria podrá estar siempre cerca de tu corazón (Eso queda a la izquierda) con la "Cruz de la plegaria" de colecciones Montebello. Esta cruz esconde ¿durazno? (¿wtf?) una piedra secreta que, a contraluz, revela el "Padre Nuestro", entero, delante de tus ojos (Ver para creer) ¡Observa a la gente sorprenderse por primera vez ante esta mágica experiencia! (Me asombra la capacidad argumentativa, "Vos, no-cristiano, debes adquirirla si te excitas como un impío ante la cara de sorpresa de tu prójimo") Esta cruz utiliza cristal auténtico y una fidedigna roca austriaca (Subliminalmente adorable), creando, no solamente una magnífica pieza de joyería, sino también un importante accesorio espiritual (claro porque "lo material para lo espiritual"). Cuando lo colocas ante la luz, (bla bla bla), aparece instantánea y milagrosamente (sic) la plegaria a nuestro señor. Disponible en tamaño para adultos y para niños (dejen que los niños vengan a mi), es un excelente regalo para cualquier ocasión. Cada una de ellas viene con un certificado de autenticidad (¿Indulgencia plenaria?) y una hermosa caja (Si, un de esas me vino con mi lapicera Paper Mate, pero tampoco por eso hice un escándalo)... bla bla bla... Pascuas... Navidad... Jalea..."


Listen Up!

"Cuando pensaba que me estaba perdiendo de algo, cuando creía que el mundo era una bola de grasa distante que no entendía mis comentarios, di el gran paso que todo hombre da en algún momento de su vida: Hice un curso de Geología, Mejore mi gramática y adquirí Listen Up!, el amplificador de sonido."

Idealista Empedernido al ser interrogado
respecto de la quema de pastizales con
música de Pipo Pescador, de fondo




" '¿Puedes apagar la televisión, por favor?'
¿A veces molestas a otros mientras miras televisión? (La típica pregunta de apertura. Love it)
'¡Eso no debe estar tan fuerte!'
¿La gente te pide que bajes el volumen?
Ahora, tienes Listen Up!, el amplificador personal que te permite subir el volumen para ti, sin tener que subirlo para los demás. Cambia el sonido normal, por sonido extraordinario. Es más pequeño que una tarjeta de crédito (¿Y eso?), y es tan poderoso, que puedes escuchar la caída de un alfiler (Mi gran problema, después de la quema de pastizales) o escuchar una conversación a 100 pies (¡WOW!) de distancia (Apología del hostigamiento sexual o la violación de la privacidad)
(Una anciana escuchando...) '¿Conociste a los nuevos vecinos?' '¡Si!' 'Yo lo conocí a él, parece agradable' (Este es el tipo de información que Facebook o la CIA recoge)
Sólo colócate los auriculares y sube el volumen. Ahora puedes ver televisión de noche o escuchar música, sin molestar a nadie ¿Siempre quisiste escuchar conversaciones lejanas? ¡Ahora puedes hacerlo discretamente!
(Uno ejercita sus músculos-de-brazo mientras escucha a unas muy distantes señoritas...)'Tiene buen cuerpo, ¿no?' 'Es muy lindo'.
Úselo en eventos deportivos o para escuchar los tranquilos sonidos de la naturaleza (Ahora si, creo que necesito uno). Jamás se perderá una palabra en Lecturas (?), Películas (Que están viendo en la casa de al lado, claro), Shows, ¡o incluso en la Iglesia! (Nunca nadie entendió el latín. Ni el castellano pastoral) Es una buena forma de cuidar a los niños (Capta el sonido de cualquier ser humano, incluso el de un violador)... bla bla bla"

Al terminar este tipo de comerciales, solo se presenta una última duda: La anciana del segundo 36 ¿Estaba revisando la correspondencia* ajena? ¿Fue el Quijote de la Mancha el primer viajero del tiempo?

Gráfico que intenta justificar mi tiempo libre y la teoría de las vergüenzas




La flecha azul demuestra que las personas que se convierten en espectadoras de un comercial de Tv Compras, pueden mantener sus altos estándares de "Verguenza" de por vida. Claro que en un nivel menor de aquel que tiene un adolescente normal, debido a la tendencia sociópata de estas personas de alistarse en el ejército o en Green Peace. Esa es gente sufrida.




* Uso del español neutro para fomentar la visita de todas las razas latinoamericanas*** Más información aquí
** La playa fue un perfecto lugar para ensayar nuevas metáforas
*** Cuatro palabras que conducen a una única anotación, eso si que es nuevo.

martes, 12 de enero de 2010

After something. Before something. The something.

En la habitación no había ventanas porque dsdh sh yijnind. Nos pareció estrafalario pero sonreímos de a poco, porque ¡dsdh! y en ese contexto, un exceso de la imaginación. El eco no les existía porque los espacios habían sido construidos con la medida de las limitaciones. Al tiempo lo contaban por una constelación de chasquidos en la habitación, con una constelación de chasquidos en la lengua, y eran trescientos chasquidos, "tch, tch, tch: dos años". Pero ni uno solo de esos chasquidos que escuchábamos era un eco , porque habían construido las habitaciones pensando en la potenciación, en la suma algebraica, el olvido y otras vagas propiedades del intelecto, y entonces habían sentido que el chasquido era tan pequeño, en comparación con una montaña o la suma de dos infinitos. Después de los cuatro mil chasquidos, todavía el sol me pegaba en el ángulo menos sensato del cráneo, de ahí que pensásemos en la deficiencia de su kronos. Uno me dijo que ellos concebían un tiempo personal, y que para ellos, el tiempo, era la distancia de un pensamiento a otro. Era la negación del tiempo. La falta de coherencia me maravilló y después me hablaron de ghu ynyjiutu (...). Recorrimos las bibliotecas que improvisaban con la pluma de un niño, sobre el suelo. Notamos que el estante mayor estaba vacío, pero en el que estaba debajo, "el estante de debajo", un desorden perceptible, una falta de coincidencia en los lomos, la horizontalidad de los tomos, la contratapa al descubierto e incluso el montón final de libros en el suelo (a la sombra del estante último), nos arrojó que su concepto de "Biblioteca" se sintetizaba con: "el lugar en donde caen los libros y el montón de libros caídos", tal explicación estaba escondida en un balbuceo y el entendimiento nos costó veinticinco mil chasquidos. Vimos una biblioteca en la cima de un pinar, en un lecho mortuorio, pero más nos inquietó la que tenía forma de estantería. Hablaban y sus lenguas nos parecieron tan oportunas, que creímos necesario abandonar todo rastro de nuestro idioma. Escupimos. Era una dicotomía de lanzas envenenadas con pólvora anesteciante. Pero más las lanzas. Su vocales estaban tan consumadas, sus consonantes eran tan espontaneas, el grito onomatopéyico signaba el curso de las oraciones. Descubrimos el curso de las oraciones. Predijimos el curso de las oraciones. Era la lengua de la lengua, y la palabra de la luna era la luna. Estábamos tan felices que hacía ochocientos años que practicábamos el arte. Después nos guiaron por la cima de una biblioteca. Vimos un ave. Falleció. Vimos un hgisjdj, fallecieron todos menos dos y menos yo mismo, que entonces relato. Un zaguán hecho con los tomos de un libro teológico anunciaba el área de la literatura fantástica. Abrimos un libro y nos olimos en las líneas. Leímos a una mujer casta de tanto blanco uniéndose con un hombre en una dicotomía feroz. Leímos a la mujer. Leímos un falo. Leímos al hombre. Leímos un perro sobre los pies de un humano. Leímos pies. La democracia, un gobernante. Leímos la república y leímos las banderas, los escudos, un himno, leímos el catarro que lo pronunciaba. Leímos una prostituta, leímos el mar en verano y un centenar de familias que comían arena en contra de las voluntades. Leímos la contra de las voluntades. Leímos la familia y eran más de cuatro, el poder, la fama, el orgullo. Sus poderes metafísicos estaban hambrientos. Reímos porque la cortesía. Después nos alejamos casi asustados, y nos hicimos prometer algo entre llanto. Y ahora corremos, pero hasta llegar a la nave, hasta abordar la nave y escapar de estas tierras misceláneas, tortuosas, dejar de udji sdhdhyo y de dsjsjk kak. El viaje inició y yo pensé que "La Iliada" en las manos de uno de ellos, les hubiera causado risa, y de tanta risa, "La Iliada" en el suelo. Pero no hubiera sido una Biblioteca, ¡cómo se reían cuando dijimos biblioteca!

jueves, 31 de diciembre de 2009

Las vueltas

Cómo las presencias no se iban (y me lo habían advertido con una anterioridad imperdonable), me senté en la silla, a la mesa. En la mente se me representaron los pasos a seguir y pensé que la ejecución sería una redundancia. Me incorporé con velocidad cuando caí en la cuenta del error. Preparé la taza. Al café no lo preparé, a la leche tampoco. Volqué el café y después, recién, la leche. Repetí las medidas, "un litro en mi cabeza", en mi cabeza. Y a las dos repeticiones me di cuenta "olvidé 1 litro en mi cabeza" en mi cabeza. Pero tal era el curso del plan y tal era el curso de las repeticiones. Alguien silbó y yo me sorprendí, tan tranquilamente. El microondas. Un minuto y veinte segundos, en dos vueltas de rosca. Me pasé. Borrar. Un minuto y veinte segundos, en dos vueltas de rosca. Un minuto y veinte segundos en marcha. (Cruzó un gato) Fui en busca de otros utensilios de capital importancia. Galletas, siete y de a una. Sobre la servilleta, en el margen superior derecho. Siempre me pregunté las implicaciones incómodas que hubiera traído consigo el "las galletas en el margen inferior" y encima izquierdo. Hubo un susto y tomé la mermelada. Antes me agaché. Ahora, erguido, la taza. Son siete sorbos y con las burbujas subiendo hasta la explosión en la boca. Con las galletas es todo más complicado, porque dos mordiscos seguidos, un tercero separado, el cuarto y el quinto. El último solo. Antes de cada intervalo, hay una deglución. El fondo verde de la taza y la cabeza que duele. La lleno de agua y a un vaso también. Restan seis galletas pero repletas de todo. Un bolsillo está lleno de mano y ahora no, porque tengo que seguir, tengo...

martes, 29 de diciembre de 2009

Neo-barroquismo de ayer y hoy

En los brevísimos últimos años del siglo XX, estaba Un Espíritu.También en el siglo XIX y hasta en el siglo XVIII. Lamento la ausencia del dato novedoso. El tono no ayuda y lo preservo antes de que se pierda en melancolías o en "ojos grandes, nariz egipcia, espalda ancha". Un Espíritu ejercía influencias notables sobre gran diversidad de tópicos. El krautrock le parecía el más grave exceso de la retórica y, hasta, un recordatorio poco feliz de los límites del sistema locomotor de muchos mortales (una miserable mayoría). La política, una rama de la matemática. Un Espíritu era parte esencial de la historia de la humanidad.

La historia de la humanidad no debería ser, exclusivamente, la historia de los hombres menos olvidables y más laureados, sino también la de los mitos y de las creencias. Y de ellas, las más populares, con su todo de sistema de reglas y leyes que se dictan desde adentro. De ahí en más, uno, en la tranquilidad del pasado, puede usar alguno de esos métodos razonables y exactos para la "deducción de implicaciones lógicas" y entonces, descubrir lo que dicta Un Espíritu, ahora, desde adentro hacia afuera: "esto sí, esto no" y de esa manera, Un Espíritu en cada momento de la historia decide la suerte de lo pecaminoso y decide lo pecaminoso mismo. A priori "mal gusto; buen gusto". Arbitrariamente "quémenlo, mátenlo; a ese por usar el cabello tan largamente". Tal era la influencia de su estado. Uno, así, puede entender porqué sobre él se persignan dos hombrecitos de espaldas anchas e imperdonables, cuanto más, horribles. No tienen un nombre porque sus deformidades invitan a bautizar un brazo o una pierna. Los hombrecitos toman una o dos creencias, o una o dos implicaciones que se desprenden de esas creencias (una o dos para cada una). Si quieren aumentar la capacidad expiatoria del silogismo eligen tres (o tres para cada una). Eso les basta para cubrir sus espaldas por una lucha de potenciales electroquímicos. Salen a divertirse y a gritar y a dictar desde adentro hacia afuera. Son solo dos hombrecitos, y entonces los precios de una cerveza o una mujer descienden considerablemente. Pero son las espaldas de toda la humanidad. Por eso la anchura. Entonces ahí es cuando decimos "historia de la humanidad" y tenemos razón, por la sucesión de hechos en el espacio (y porque a Berkeley mucho no lo quisieron).

En esos brevísimos últimos años, Un Espíritu, abocado a la esencia de la Historia, Un Espíritu (al que nadie llegó a reconocer) interpeló a un grupo de periodistas e historiadores por la clasificación de un nuevo y variado grupo de expresiones artísticas, sociales, económicas, religiosas. En fin, la serie de instituciones que se suele citar en estos casos. A Un Espíritu lo provocaban y preocupaban las letras intrincadas y surrealistas, la "falta de naturalidad", el dibujo de cuerpos con forma de embutido transgénico y el pecado en el que incurrían muchos artistas al "profanar la realidad, a hacer exégesis con la soltura de un heresiarca del próximo tiempo que sucedió a la cruz" (también aborrecía a la cruz). En ese momento, Un Espíritu, tomó a bien aceptar el calificativo "Neo-barroquista" (según la cordura de los periodistas y los historiadores) para describirlas, y hasta lo abrazo sin el pudor que se le caía a una hora y a la siguiente, desde la frente, para decorar sus labios con el puntillismo de una paleta limitada. Cómo Un Espíritu lo aceptó, todos lo aceptaron. Y muchos fueron parte del movimiento neo-barroquistas, por lo intrincado de sus letras o porque los cuerpos que dibujaban tenían forma de embutido transgénico. Muchos fueron neo-barroquistas. La voluntad mucho no importaba desde el tiempo de las espaldas anchas. Yo en ese momento no entendí mucho, en los últimos y brevísimos años del siglo XX. Y aprendí a acabar de empezar a leer recién hoy o ayer, en los años finales de la más primerísima y extensa década del siglo XXI.

El neo-barroquismo puede implicar sobrecargamiento, impiedad, desdén, minuciosidad, detallismo, simbolismo, según muchos historiadores y periodistas interpelados por Un Espíritu. De todos ellos, el inentendimiento es, quizás, el único aprehensible en la realidad. La incapacidad de entendimiento de aquellas expresiones de humanidad, desconcertaba a Un Espíritu y él, con ayuda, (nos) clasificó. No fuera a ser que pasáramos inadvertidos. Él había exigido el vocablo y ahora todos estaban felices porque Miguel Ángel era barroco y pintaba con los ojos tapados porque Nemesis había perdido la castidad, el día que Justicia perdió la virginidad, y todos quedaron viendo mucho. Y entonces, con Miguel Ángel hay, cuanto menos, una proximidad nominal. La distancia temporal dio rienda suelta al nombramiento de los precursores del neo-barroquismo: Hegel, Homero, el Laberinto. Algunos despiadados sugirieron a San Juan. Todos eran tan felices porque Un Espíritu era feliz, y porque se secaba los labios empinándolos en cariños. El elitismo de los labios, rechazó a los neo-barroquistas.

Yo mismo me entendí como tal. El gran resto de los que cayeron en la regla, es desconocido. Pero lo sobrecargado, lo impiadoso y lo impío, lo minucioso, lo desarreglado, lo encriptado. A veces, lo "incoherente", así nombraba y clasificaba Un Espíritu. Uno representaba una obra teatral sobre unos que representaban la obra teatral de unos que representaban una obra teatral, y fue neo-barroquista. Y le lanzaron limones y otros cítricos o alimentos desdeñables. Otro dibujaba y decía que era miope. Fue muerto en una plaza estatal. A uno lo acusaron de desgastar la historia de la literatura con inmensidad de guiños. Lo apalearon hasta el coma. Tal era el trato que se (nos) daba.

Hoy, me enorgullece compartir escena con un genio del neo-barroquismo. Su video musical es el cúlmen de los tiempos. Sintetizadores al principio y al final y después vocalizaciones que se confunden y uno tiene que descubrir "cuál es la voz, cual el sintetizador", y es divertido y es alegre la relación, que algunos calificaron de incestuosa, no sin cierta razón. Las mujeres usan pelo y otras no (pero se esconden). Panteones. Homosexualidad. Palabras sin sentido; "karamu", "fiesta", "play on, play on, play on". Una invitación a Saussure, su teoría y su linguística. Pantalones ajustados, hippismo y descendimiento del promedio de natalidad. La teoría totalista, "todos somos hermanos", y un gesto que recuerda al de Jesús, que alguna vez se limitó solo a amagar aquel gesto, por el bastón en la mano. Puertas giratorias y negritos escapando de las garras de una máquina infame. Ahí está Kafka y empieza el socialismo. Con un paso al costado y una hilera de bustos femeninos que invitan a la anarquía dicen "lalala break the rules" y terminan con una declaración de los derechos de la raza menos negra sobre la de los africanos, representada por gente de color que baila muy feliz. Más después aparece Saussure, en un cameo terriblemente pasajero, como el de Marilyn Monroe. La teoría de la relatividad en "la eternidad de una noche". Blancos con negros. Blancos bailando hip hop. Orientales. Policías corruptos. Pablito Ruiz. Y un cliffhanger casi inesperado. Es un célebre repaso de la historia mundial, humana, social, ideológica, y la serie de instituciones que se desprende por inercia. Pero Un Espíritu y sus secuaces, no lo entendieron.


Te bancamos, Lionel

lunes, 28 de diciembre de 2009

En la segunda guerra mundial no murieron tantos


Muertos durante la segunda guerra mundial- En grupos económicos (en centésimos de millones)


Judíos: 3

Homosexuales: 2

Mártires: 1

Mártires sin fe: 20

0,7 seres: 0,7 seres

Perros con sarna: 0,3

Perros sin sarna: 0,2

Perros que se saborean el lomo y se arrancan la cola: 0,1

Abióticos: 0,1

Fanáticos: 0

Tantos: 0






Mapa de muertos en la segunda guerra mundial
(en dorado)

Hitler existió, como existe la frutilla al agua, como Nietszche escribió, como Paulo Coelho existe, porque el mundo es un entramado de compensaciones y porque el hoy después es pasado, pero tiene menos potencial de pasado que potencial estético.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Los chistes no se explican pero

Esta es una vindicación del sistema clasificatorio que me motiva desde unos ángulos de mi fisiología huesuda que aún permanecen vedados hasta para mi mismo. Si, porque desde hace mucho que me encanta clasificar y el mundo está regido por el sistema clasificatorio, eso lo sabe cualquiera. Porque sí. Marx habla horribles pestes de él, pero porque tenía una neurosis grave en el lóbulo frontal que le impedía apreciar la hermosura de un triángulo como método de ilustración de la naturaleza o de la sociedad, así como de otras formas estéticamente más reprobables: un trapecio o un cuadrado, que, hay que decirlo, se pierden en los trescientos sesenta grados de posiciones incómodas. Marx, para ilustrar a la sociedad, propone una figura de una sola cara y plana, inspirada en “El zahir”, en la que todos los puntos son idénticos entre si, de modo que es válido pensar en un único punto despreciable por su magnitud cuántica. Borges admite la alegría de ciertas enciclopedias niponas que se arriesgan a la arbitrariedad más profana para encontrar una definición más certera de la materia de las cosas (ahí nació Hitler, dicen). La misma enciclopedia es un cúmulo de objetos clasificados bajo el criterio de trascendencia o de ruido. Yo, por ejemplo, soy una carraspera afónica y anónima. La Teoría de conjuntos de Cantor es la representación más bella del ideal clasificatorio. La célula divide y condiciona. Teniendo en cuenta estas notables apreciaciones, aún de estas maneras tan insólitas, siempre me gustó la acción de la clasificación, que es la expresión del deseo de la naturaleza (¿la naturaleza humana? Supongo). Porque desde chico, "este es anfibio y este es reptil", y así según el tipo de cubierta del organismo vivo, todas ellas desarrolladas a partir del modelo máximo: el tejido epitelial, porque los seres humanos siempre fuimos ejemplares, desde la ejemplaridad de una manzana en la boca. Ya pasados los años, veía como se burlaban de “este porque tiene el pelo negro” o “esta que no es que tenga cuatro ojos, tiene la órbita de Júpiter montada al globo ocular”, y entonces la comunidad se iba subdividiendo en grupos y los criterios de selección iban mutando y revolucionándose, siendo subvencionados por diferentes firmas de afiliación política anónima y ellos firmaban y “hoy vamos a cremar a los negros”. Algunos excluidos se nombraban de alguna manera más o menos digna, y entonces se evacuaba a la soledad de una o dos dendritas. Yo fui viendo crecer este Imperio Clasificatorio, y la vista se me nublaba un poco, mientras las huestes de la exclusión se iban divirtiendo con la espalda de una o el tórax de otro. Hasta que los narigones y los jorobados terminamos adentro de una bolsa y todo estaba oscuro, por las leyes ópticas de las superficies planas. Yo bien no supe si por narigón o por jorobado lo que inició una serie de interrogantes, pero después me abrieron una causa en el tema de la perversión del conocimiento (pero eso ya fue más serio).





Vulpix no fue ni de fuego, ni de agua, ni de azufre. Y así terminó.



"Aún así, seguí amando el sistema clasificatorio. Qué mantiene la entropía y esas cosas necesarias para dividir al mundo entre "los que saben de entropía y esas cosas" y "los que no". Que se yó. Divide y reinarás, dicen. "
Idealista Empedernido en 2006
(desde el interior de una bolsa)


Este breve repaso no arroja ninguna clave sobre el gran misterio de mi afición por la clasificación, pero al menos me sirve de introducción para decir que agregué a mi Blog un sistema clasificatorio:

SENTITE
Descuartizado
Dolorido
Eh?

Uno puede entrar, y también puede leer, y de paso elegir alguna reacción de las ya mencionadas. Hubiera puesto cuatro, pero el blog siente no se que perversión por el sistema trisimal, supongo que después es más fácil sacar porcentajes. También podés entrar principalmente motivado por el sistema clasificatorio, como algunos que ya me hicieron culpable de “yo estoy en Santa Fe y Callao, pero mi brazo quedó en casa”. Sepan entender que si yo empiezo a descuartizar, empiezo por el aparato reproductor. No tengan dudas. Si quieren pueden ir a su entrada favorita (¿) y tildar sobre la opción que mejor describe la sensación que bien impregnada les quedó (considerando lo esporádico de mis entradas, ya deberías estar desangrado, si, vos, descuartizado, que “vengá mi muerte, hijo mío”, como Mufasa o el que tenía la belladona en el oído y no sintió nada).

Entonces, para cada entrada, va a existir una sensación ganadora. Bajo el sesgo democrático (no se por cuál salto inductivo) veinte de treinta personas se sintieron doloridas con la entrada X y entonces, el sesenta y siete por ciento pasa a ser el cien por ciento, y todos quedaron muy doloridos con X. Incluso los que no votaron. Pero esas cosas se intuyen.

“Descuartizado” y “Dolorido” son un intento de insulto hacia mi poder narrativo/expresivo. “Eh?” también, pero considerando que “Gloriosos los ignorantes”, y considerando que ustedes no ignoran, ya se perdieron la condición de gloria, por lo que el insulto sale disparado hacia direcciones antes imprevistas y nos mantenemos en un pie de Igualdad. Es una concesión que se le otorga a Marx, que llora mucho, y al silogismo categórico. Las tres sensaciones son parte de un plan misterioso y funesto contra mí. De esta manera, yo puedo inferir que uno que votó “Eh?”, en realidad amó mi entrada, pero ante el sesgo de universalización de las leyes institucionales, intuyó al voto, obligatorio e, incluso, secreto.

De todas maneras, bajo el sesgo de estandarización del conocimiento, todos sabemos que las sensaciones no tardarán en pasar a ser:

Descuartizado: Malo
Dolorido: Regular
Eh?: Bueno

Con lo que me gusta que no me entiendan y me concedan el beneficio del autismo.

Agradecimientos al INADI que me ha importado una suma de 1000 pesos por cada ocasión en la que omití la palabra “discriminación”.

martes, 15 de diciembre de 2009

Antes era más bajo y no tenía vértigo. El precio del vértigo.

Antes, de chico, vivía en el apático universo de las adaptaciones. Exitía un área, la recuerdo con disgusto y un frío pasaje del crunch de la madera al fluorescente azul, o el fluorescente rojo, o el fluorescente amarillo. Era todo tan gris que se hacía una fiesta de colores primarios y dimensiones pequeñas con tres o cuatro letras por carilla (porque encima, el cómic-sans parece expandirse entre pestañeo y pestañeo- lo que dura un cuento infantil, porque las tramas se resuelven rápido). A veces, unas mujeres que habían sido talladas por Fidias, se sentaban y te contaban la historia de un animal que había entendido la facultad del lenguaje y la del intercambio, y la del flujo intestinal: los males del hombre. Extrañamente, vivían en bosques y la arquitectura les había sido vedada, mientras nosotros empañábamos la mirada de Bauhaus. En ese universo, estaban "Las mil y una noches", pero Scherezada era otra. Este volumen era un poco más grande que los de animales y había sido despojado de todas las historias más grandiosas que relataban la venta ilícita de ganado plumífero, o los cálculos del emperador para llegar a los 40 años, sin haber (proporcionalmente) conocido las noches sin lujuria- proporcionalmente porque parece que ahí en Arabia, tampoco desarrollan su vida sexual sino es hasta los 14 (catorce). El ejemplar estaba dibujado en letras animadas y felices. Como ignorando Y ahí, Scherezada hablaba todo el día porque la menstruación no existía sino como un par de ausencias, y el emperador había olvidado el arte de los repollos, pero besaba mucho. Este era el sistema ecónomico del área de libros infantiles: el sistema adaptacionista. Pero yo había visto un ejemplar más grande, más grande de "Las mil y una noches" y me era imposible hasta los quinientos pesos. A los doce años, uno no tiene una fuente de ingreso si es el chico bueno de la primera fila. Entonces quedaba relegado a ese ejemplar de letras animadas y de hombres que comparten sus gallinas. Al otro, lo miraba de lejos, con deseo ¡injusta la adaptación que resume en mentiras! Yo quería las mil y una noches, enteras, de corrido. Al punto de que la empresa de describir mil noches, describir con palabras humanas hasta que la cera se fundiese, se convertía en un secreto sólo apto para los otros que "vos mirás desde abajo porque no alcanzás el metro veinte". Gracias.

Ahora, de un metro ochenta, sé que el califa era violador, homocida en primer grado y que tenía un fetiche por el dedo pulgar y las amígdalas en cinco tonos diferentes. Pero hasta ejerce cierta atracción que nadie bautizó, cierta atracción conmigo. Porque claro, él violaba y que los ciudadanos del Imperio estaban tan felices que estaban callados. Igual, no paso de la página 300 porque lloro y hay oscuro. Eso y además aprendí a escribir los números en letra.