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domingo, 10 de junio de 2012

Algunas vidas sobre nosotros- Parte II: Conclusión de alguna cosa, acostumbrado narrador y duda final


La Isla Maldicha no tardó en conquistar el ánimo de Masthorpe: muchos ya le habían hablado de ella, pero aún más de sus ocupantes. El territorio pertenecía desde hacía tiempo a unos hombres viles que arrancan tu cabeza para mostrarte el verdadero rostro de la vida y llevarte los ojos a otros lugares más bajos: esto querría decir que, si antes hubo hombres en esa isla, están todos viéndonos desde arriba. La isla, dicen, antes de estos había sido de quien fuera nuestra metrópoli: metrópoli de conquistadores que arrancan las cabezas de sus súbditos para mostrarles el verdadero rostro de la fe y llevarles los ojos a otros lugares ancestrales. Los primeros hombres viles habrían usurpado la Maldicha a los segundos, los de la fe, el 17 de Abril de 1890: su aniversario coincide con el cumpleaños de mi gato. En el transcurso, nosotros nos habríamos independizado de los segundos y habríamos heredado a la Maldicha, en manos de los primeros: los nuestros querían recuperar la isla. Sus fines eran evidentes: también ellos deseaban instalar su propio negocio de aerosillas que arranquen cabezas del suelo. Masthorpe, en cambio, solo quería evitar que nos arrancaran la cabeza. Quería venganza. Masthorpe quería destruir a los malditos enemigos. Debo decir que ya en este punto, muchos me observan que toda esta parodia se referiría en realidad a unos jóvenes argentinos con nombres de pulso firme, pulso como la mano que los duplicaba, la mano de la máquina que los apareció de un día a otro en un terreno vacilante por ancestral: ahí los mataron. No quedan muchos territorios ancestrales en el mundo. Tampoco me refiero a ellos.

Ya se ha dicho: Masthorpe quería destruir a los arranca-cabezas de la Isla. Cuando muchos lo intuyeron, dijeron que para Masthorpe, la isla Maldicha era el espacio secreto de su culto. La pieza faltante de su nacionalidad. La tierra santa. Cerca de mil cuatrocientos argumentos políticos, geográficos y legales confirmaban los derechos que nuestro territorio tenía sobre la isla. Masthorpe agregaba uno, prescindía de todos los anteriores y decía que esta era una cuestión de orgullo, una cuestión de arranca-cabezas. En una entrevista lo repite. En otra, insulta a los viles usurpadores de Maldicha pero no recuerda el nombre de la isla, o la llama "meseta". La isla no le pertenecía al país, le pertenecía a la nación de su corazón. Bueno, en verdad no le pertenecía la Isla. Una victoria le pertenecía. Cualquiera. En Italia o por ahí.

Todos sabían cuál sería la próxima jugada del Capitán Masthorpe, así que aprovecharon esta ventaja para mover antes y después sus propios peones. Le enviaron cartas de aniversario, lo invitaron al lugar marcado, lo rodearon de un grupo de fanáticos (eran sesenta) y uno de ellos se llamaba Maldicha. En todos lados se escuchaba que Masthorpe tomaría la isla. En todos lados se escuchaba que nos pertenecía, por cuestiones de orgullo. Fueron épocas turbulentas. Dejamos de ir a lugares, de jugar al voley playero, de ir a la playa o de comer. Todo habría ido demasiado bien en nuestro país si no hubiera sido por el honor que nos habían tocado. Para algunos, también por Maldicha. Masthorpe, entonces, no pudo hacer más que decidir tomar la isla, según dijeron, esa tarde. 


{Mathorpe: Vamos a condenarlos, vamos a condenarlos, y así seremos libres...
Gente numerosa: Frases de aliento
Masthorpe: ¿Qué?... Si, y la isla
Rostros confundidos} 


Ese mismo día organizó al grupo de sesenta hombres, que ya le eran adictos, menos yo mismo: me uní al grupo de Masthorpe por un malentendido. Le había dicho a Amelia que iría a la reunión del grupo de los sesenta solo para evitar acudir a la presentación de su libro. El resto fue fingir. Ya había tenido que simular ataques de tos frente a ella y ataques de nervios, porque también había faltado a su cumpleaños. Entonces me había unido a esos sesenta integrantes de un grupo... ¿Qué? ¡Ah! Que se llaman "Hijos de la novia". Si: los sesenta hijos de la novia, a los que me había unido; los perfectos sesenta hijos de su novia: entonces yo mismo ya era un hermano, un novio, un psicópata incestuoso más. El libro de Amelia, por su parte, era tan malo que siempre hacía alerta de estar dándole información a sus lectores: si aparecía un hombre que era el primo del protagonista, el hombre tenía que dejarlo muy en claro, como si mirara a la cámara. Se vendió muy bien en la librería del cementerio, pero esta vez los muertos no tenían nada que ver y la circunstancia de que la librería estuviera exactamente a media cuadra del cementerio no aportaba ninguna sorprendente interpretación, ni para el libro ni para Amelia: así de aburridos eran.


El Capitán Masthorpe tomó los peones que vio en su camino: tenía a su disposición vehículos y armamento suficiente para matarlos a todos. Quiero decir, para sobrevolar la isla. Previsores alfiles y reinas aguardaban al final de la trayectoria. Días después, Anthes Masthorpe aterrizaba en la isla, junto con un grupo de sesenta hombres, que se dieron por llamar "Hijos de la novia". Nadie los vio llegar porque porciones variables de Maldicha son unas de las pocas espaldas que le quedan todavía al mundo. Nadie de los cuarenta y nueve habitantes que mantienen el pie en la isla. Se pusieron a cenar antes de la cena. Los preparativos en el arte de la guerra y en el de la política son necesarios, porque en estas materias triunfa la previsión: el que ya jugó antes es seguro que vencerá. "Aunque dos no puedan vencer, como en el nacionalismo. El nacionalismo es la serpiente que se come su cola. Para un nacionalista no hay nada mejor que un antinacionalista... en otro país", me gusta la frase: está en la película "El vengador", me encanta esa película. Pero regresando a los preparativos: son francamente aburridos. A decir verdad, solo uno o dos hechos son verdaderamente interesantes en la toma de la Isla Maldicha. La noche de llegada, los sesenta y uno hicimos un fuego y cantamos, por no decir que comimos. Después de unas horas, el alcohol había diezmado al grupo, que ahora se dividía más en acostados, alejados y enfurecidos que en hijos y novios. Yo estaba sentado al lado del Capitán Masthorpe y no respiraba, porque así se debe con los grandes. A lo lejos, uno de los borrachos había derramado el vino sobre otro, pero solo uno había sacado la daga: y no era ninguno de los dos anteriores. Los otros se prestaron para el duelo, que es una necesidad estética del mundo o de Dios. Cuatro más empezaron como espectadores pero se unieron. Una vez me había pasado en el teatro, en una obra romántica. Comenté en voz alta que debíamos amansar a las fieras antes de que debiéramos empezar a contar por los padres, a falta de hijos. O quizás también por las novias (esto no lo dije). El Capitán preguntó si de verdad podía verse todo eso. En ese momento no me molestó: pero un cambio comenzaba a operarse en él. Esa misma noche me desperté por un sueño. Salí de mi tienda para comprobar que este no fuera otro de Tus sueños perversos, otro de Tus diálogos. Había un murmullo que matizaba la noche. Venía de la tienda del Capitán: había una conversación. El episodio no me cautivó en ese momento y solo puedo recordarlo parcialmente. Cierto es que hablaban muy bajo. Pero hubo una línea que seguramente iba dirigida a las presunciones historicistas del Capitán:
- El Teniente Duran estaba "grgrPensando" algo al viejo estilo (¿)Tratado de Tordesillas(?!!)... Pero no lo sé, Masthorpe. La gente es mucho más simple que eso- Se detuvo- A excepción de los pie plano valgo, claro. Ellos no lo soportarían.
- ¡AH! Son de lo peor.

El Capitán no se oía mucho. Sus palabras debían ser gestuales y de prórroga. El otro le contestaba, o tal vez, simplemente, seguía hablando.
- Ahora es imposible detenerse. Nos costaría un año volver a localizar la isla.

El interlocutor tenía razón. Las mismas fuerzas magnéticas que hacían de la isla una zona geopolíticamente ignorable, diplomáticamente sorprendente y comercialmente deudora, tardarían en revelarnos la ubicación total del territorio una vez que nos hubiéramos marchado, por las leyes físicas ya conocidas. Volver era ahora mismo una concesión del azar: ningún camino de vuelta parecía surcar el lomo de la isla. Recuerdo que Tony Buda (¡Bdaaaaah!)* me observaba en ese momento. Disimulé mis pretensiones y volví a mi tienda a dormir. 


Me desperté a la mañana siguiente con la inquietud de no haber dormido por haber soñado. Los isleños, que eran solo cuarenta y nueve, estaban reunidos en el Congreso. Era una de esas poblaciones en que resulta más fácil que los políticos caigan sobre si mismos. Nos hicieron formar en las colinas circundantes: nunca vi unas tan feas; eran de trazo apresurado. Nos habíamos escondido detrás de ellas toda la noche. Ahora el sol unitario nos enfermaba. Tony Buda me dijo que a la madrugada un tal Stetson se había acercado a nosotros, mientras nos entregábamos a los mazos o dormíamos. Stetson había revelado que los isleños se reunirían en Congreso y que ya sabían de nuestra presencia en la Isla, pero como estaban desarmados y eran liberales, habían decidido simular nuestra ausencia para salir del paso. Lo miré a Tony Buda tal como miraban las mujeres árabes a sus maridos: disfrazadas, descreídas y respirando por la boca. Unas horas después traían al Capitán Masthorpe a los empujones. Tony Buda me lo dijo: el Capitán había tenido su Momento. No era la primera vez que pasaba en la historia de la humanidad. Anthes Masthorpe, que había cultivado desde su niñez una intransigencia nacionalista, o que simplemente se había dejado estar, estaba ahora ajeno y no recordaba los fundamentos de su existencia. Lo supieron cuando le preguntaron su nacionalidad, tal como el protocolo indicaba: Masthorpe habría balbuceado, pero según muchos habría dicho que era de los holandeses, que siempre fueron unos frígidos. Jamás voy a entender como las personas pueden sufrir un descuido así. Napoleón sufrió uno de ese tipo antes de la batalla de Aspern-Essling, cerca de Viena, la que espera; se tradujo en un receso de dos meses hasta la batalla de Wagram, en la que venció, pero sin saber exactamente lo que hacía; estos recesos, no poco frecuentes en la historia, son aprovechados para visitar a la familia (una familia cualquiera), intercambiar piezas metálicas o disputar torneos de fútbol, tal como Paul McCartney nos enseñó. También Lawrence de Arabia sufrió uno. En verdad fueron los allegados de ambos quienes continuaron la tarea a partir de las ideas que estos hombres habían registrado por escrito, los comentarios en secreto y las bromas casuales. Ambos pudieron vencer y sus derrotas finales fueron producto de imprevistos como el invierno o una motocicleta (que apareció en la historia súbitamente). Incluso Erwin Rommel, el mariscal alemán, se indujo a sí mismo a uno de estos estados, por la superstición de que tanto Lawrence como Napoleón los habrían sufrido y habrían logrado así la victoria, que es también una superstición. Desafortunadamente, una vez inducido, su padrino y su tío se guiaron, para continuar su tarea, por la producción satírica de Erwin, guardada en un cajón, lo que los condujo, de pronto, a una conspiración con el bando de los Aliados. Hasta hay una explicación de los elefantes de Aníbal, por medio del concepto de la "Pérdida de los fundamentos de la existencia", y el potencial etiológico se ha extendido a los campos de la teoría literaria ("El salto Shakespeare-Marlowe" de Josefina Ludmer) y de ciencias. El Capitán Masthorpe completaba la lista y conseguía la fortuna de Napoleón y Lawrence, aunque jamás en lo literario. Al final del día, Masthorpe había reducido a los cuarenta y nueve habitantes de la Isla Maldicha. Si hubiera estado en sus cabales... ¿se hubiera alegrado de la desgracia de estos hombres? Si. Pero ahora el objetivo de destruirlos le parecía tan desconocido como el de recuperar la Isla Maldicha, o la Isla misma. 


Una curiosa aproximación a la guerra puedo ofrecer con la cómica versión de lo bélico que los hombres de Masthorpe ofrecieron: la batalla fue coreográfica. Se usaron dagas, por voluntad estética, y los hombres parecían bailar entre ellos, tal como se ve en las fotografías. Yo digo que Dios, en verdad, si escribió este episodio lo debió nombrar "una danza": la guerra, sus atributos y sus antecedentes, eran una voluntad interpretativa de los hombres. Debimos traer de regreso al Capitán, que estaba urgente. Durante tres meses no hemos hablado de esto con nadie. Hasta hoy, que nos reunimos para esto. Espero que el griterío y los insultos que lancen no sean los que al final juzguen, como criaturas infernales."

Cuando terminé de leer, mucha gente terminó de hablar. Nadie insultaba y nadie gritaba.

- ¿Usted dice que usted pensó que era momento de decir algo? Usted está aquí porque el Congreso se lo pidió.
- Sí. Pregúntele a Amelia, estaba con ella cuando lo escribí. O todas las veces que escribí.

El hombre se acomodó los anteojos para no decir algo. El Capitán Masthorpe estaba a un costado, pero adoptaba la postura requerida para una cena... en un crucero... con música lounge. Amelia estaba a mi lado y sacudía el pulgar, como en otras tribus de primates. Tony Buda había puesto una cara, pero solo porque aprobaba que lo mencionara en el relato. Volví a sentarme. Los hombres continuaron hablando. Amelia no solo me susurró algo, sino que acercó su pico para que su chasquido se hiciera reconocible en el oído interno y me invitó a la presentación de su nuevo libro. Este tipo de atención era el que Amelia le prestaba a la gente mientras leía, era una lectora narcisista. El libro no era mejor que el anterior y su presentación era mañana. Pero tampoco me suscribiría a la Revista Caras para evitar ir. Me hizo una reseña del volumen: cómo algo podía prometer tan poco, ¡tan poco para el futuro! (tampoco para el futuro), parecía que su libro saldría a la venta en un territorio del Apocalipsis. Aunque no quería ofenderla, me disculpé diciendo alguna cosa: que estábamos en sesiones y era necesario escuchar. O fingirlo.
______________________________________________________________________
*Señalé a Tony y sonreí. No sabe que tiene mal aliento y van a echarlo del trabajo.
"

Esto escribía Él sobre las sesiones del Congreso. Yo también estuve ahí y sufrí con ellos. Los hombres del congreso discutieron: ¿se podía decir que ahora estaban por encima de sus enemigos o no se podía decirlo? Estar mejor en cuanto a ser honorable. Los que se acordaban de la Isla no eran tantos como se pensaba, y muchos se repartían cosas que Masthorpe ni siquiera se imaginaba. Después discutían la cuestión de los isleños: de si debían perdonarlos o transformarlos, que no resulta en "convertirlos" sino en una mirada más comercial referida a las materias primas. Esa gente había vivido allí durante muchos años: lo que dura una vida. Pero era más relevante que sus antepasados también hubieran vivido allí. Muchos consideraban que al no compartir la nacionalidad, debían eliminarse. Para otros, los isleños podían aprender: con cursos y tarjetas graciosas; pero los primeros negaban categóricamente la posibilidad de un aprendizaje de la nacionalidad.

- ¿No se aprende?
- No.
- Entonces no se adquiere ¿Y entonces para que se fomenta?
- Se perfecciona.


Yo iba tejiendo las frases tal como se iban conjugando en mi cerebro: como capítulos de Lost; por pura fe. Se me iba revelando por etapas.

- Pero, Hugo ¡tus propios padres son inmigrantes! Hay dos opciones: o ellos aprendieron o no, pero era conveniente que los echaran del territorio.
- Si, si, eso. Lo segundo.
- ¿Soy el único que ve la paradoja?

El pequeño Hugo o el Gran Hugo jamás hubiera nacido en este territorio: es que yo pienso que cada hombre, antes de nacer, parece siempre correr el peligro de tener una nacionalidad o también otra. Pero afortunadamente, una vez que se nace ya se ha asentado. Para la siguiente pregunta hubo un empate: la mitad consideraba que la decisión debía basarse en un atributo como la nacionalidad. No lo mencionaron, pero también creían que debían rendirle culto, esbozarla, representarla en íconos, hacer canciones y administrar, según ella, su sistema de afectos y predilecciones, como la tarta de ciruela. Todos miraban a Hugo y lo aprobaban calurosamente. Todos ellos, auténticos religiosos, habían dedicado su vida a ser nacionales o a hablar como nacionales. Es curioso que todos ellos consideraran inherente una propiedad, apenas, como la nacionalidad, que estuvieron a punto de perder hasta... digamos: hasta antes de vivir. Es curioso pero si los padres de Hugo se hubieran quedado en Francia, hoy Hugo sería su peor enemigo. O simplemente Hugo el Francés. El gran Hugo el francés. De todos modos, habría una importante posibilidad de que Hugo el francés no conociera el sistema electoral de su país (el otro Hugo lee mucho), o que no hubiera leído la constitución, como le sucedió al 80% de la población mundial. O sería posible que Hugo el francés hubiera votado en contra de su gobierno actual, en su realidad paralela. O que ni siquiera hubiera votado. O que ni siquiera se sintiera francés: solo un poco. Hay una posibilidad de que Hugo el francés sea un perfecto Hugo, tal como lo conocemos y lo tenemos: nacional. En el fondo sería bueno. Mi propia versión francesa también se acerca bastante a esta que soy. Son casi idénticas. Claro que Hugo no apreciaba esto ni apreciaba la posibilidad de ser un cerdo francés: pero, como un perfecto Hugo, tenía más posibilidades de acercarse a la primera y quedarse esperando en esa fase del horror. Años y años de medidas para defender un espíritu nacional que solo pudo venir después de años y años de descuido nacionalista por parte de otras culturas anteriores y suicidas.


- ¿Cuál es? ¿Cuál es la paradoja?


Como no le contesté, siguieron la conversación. Uno de los ejes fue Stetson, el traidor. O Stetson: el leal. O quizás Stetson: entre dos mundos. Algunos pensaban que había que castigarlo por traidor, otros pensaban que había que castigarlo por leal. Otros lo premiaban por traidor o lo premiaban por leal. Este Stetson ha sido un verdadero tipo. La próxima discusión que esta gente tiene se centra en la posibilidad de purgar el territorio de la Isla para evitar el contagio. Collins se me acercó y me preguntó por mi actitud. Le refresqué todas mis opiniones que tanto lo escandalizaban. Collins no se escandalizó, pero me miró fijamente. Después me preguntó si conocía otra forma de hacer las cosas. En un grupo de millones de miembros, en diferentes lugares, con diferentes fronteras, con diferentes horarios para televisar la final de un concurso de canto, si ahí había otra forma de hacer las cosas. Yo no respondí, pero para no hacerle perder tiempo. Collins es de lo que trabajan y yo soy de los que dudan. En el medio, alguien tiene que tomar las decisiones. Afuera en la calle, los ánimos no han cambiado. Nadie conoce la Isla, como antes, pero un poco menos que después.



Algunas vidas sobre nosotros- Parte I: Biografía, opiniones e higiénico uso del Backgammon


""Entre los hechos que actualmente suceden y que son de interés general (pero que también son higiénicos), hay tan pocos como cinco o seis: y sí, cualquier hombre podrá anotarlos en su biografía sin ser arrastrado por la intensa ola de enjuiciamientos que algunos productores de televisión han desatado para asegurarse la novedad estética de unos personajes. Por ejemplo: preservar el personaje de Margaret Thatcher, frente a su homónima, quien actualmente vive en Inglaterra y se vio obligada a renunciar a las cualidades y condenas populares que tan dedicadamente le atribuían, cuya novedad vital ha expirado... notablemente. De aquellos hechos de interés general, el más aburrido es quizás el de la toma de la Isla Maldicha, por parte del Capitán Masthorpe junto a sesenta "integrantes de un grupo". A estos integrantes de un grupo, un mejor nombre no se les pudo hallar luego de varias búsquedas en enciclopedias mitológicas en alemán: en verdad, que fueran todas mitológicas sería una contingencia; el idioma era el factor delirante y pegajoso que los guionistas estaban buscando en el nombre de estos, los sesenta ¡amigos ellos! los integrantes. Estos integrantes nunca fueron soldados.

El hecho de la toma de la Isla Maldicha es breve o no, según la perspectiva histórica o psicológica. No es particularmente emocionante y puedo quedarme dormido. Pero solo ahora me cuestiono si tal vez ya sea hora de decir algunas palabras sobre el tema: ahora que Amelia lo menciona. Estas palabras serían unas palabras divididas en tres secciones. Serían palabras que empezarían como un fragmento melódico y monosilábico para después abrirse en un texto melancólico (en décimas o no) para terminar con la entrada en escena de todos los miembros frenéticos, que repiten un estribillo al pasear el campo de batalla que ya es materia del tiempo y, entonces, de los cuervos. Quiero decir: tal como sucede en la rumba. Un amigo mío bailó la rumba durante su juventud: en Bulgaria. El baile era subversivo y alguna gente que, según creo, era malvada, intentaba detenerlos, supongo que con escobas y también con bastones que usaban para picarlos: solo pueden ser ancianos quienes osen detener a los de la rumba, o simplemente gente con riesgo cardíaco. Nadie lo creería, pero la rumba búlgara era como el rock psicodélico, pero sin Jimmy Page: quiero decir el propio rock psicodélico sin Jimmy Page. Aunque, hay que decirlo, los de la rumba serían más conservadores que los hippies. Nadie lo creería: los de la rumba eran, de hecho, trabajadores rurales y conservadores que se tomaban un rato libre, quizás cuando tocaba la campana, para expresar su disconformidad bailando la rumba... Pero, ¿cómo podrían estos búlgaros querer ser infelices y bailar la rumba al mismo tiempo? No lo saben. Y aún peor: ¿quién podía pensar que esa gente estaba siendo subversiva mientras la bailaba? Tal vez los ancianos de los bastones solo pretendieran fomentarla y perfeccionarla, al tiempo que causaban heridas de tercer grado. O, al menos, eso es lo que deberían haber interpretado los mismos subversivos de la rumba, en lugar de sentirse como unos perfectos subversivos... ¿De otra forma, cuál sería la lógica de estos búlgaros opuestos al progresismo y contrarios al aborto? ¡¿Cual era esa?!... O la del Capitán Masthorpe ¿cuál era su lógica?

Volviendo a los negocios: es urgente que vuelva a hablar del Capitán Masthorpe y sus hechos. Nunca nadie tardó en pensar que el Capitán, ideólogo de la toma de Maldicha, ejecutaría ese movimiento: cuando lo preguntaban en concursos televisivos, todos lo contestaban bien. Que Masthorpe tomaría la isla era tan predecible como el 50% de las películas de final sorprendente. La toma de Maldicha era de esos puntos de la historia cuya sucesión no estaba sostenida por un acto de fe o por la asistencia de todas las causas, sino por la precedencia de los hombres, quienes obviamente ya sabían lo que vendría y estaban sentados o aburridos, esperando. Es que el capitán Masthorpe era tan nacionalista que era extranjero: una vez habló de nuestro país y lo felicitó Nigeria. A muchas personas les costaba reconocer a nuestro país en las palabras de Masthorpe: la gente debía preguntar y otros le respondían: "Sí, está hablando de nosotros": estos que respondían no eran improvisados pero tampoco eran opiómanos; después de sus respuestas, ya nadie podía sentirse externo a cualquier cosa. Las palabras de Masthorpe se asemejaban a las de los nacionalistas rusos y de tantos otros países, aunque traducidas al sueco solo pudieran pertenecerle a un extremista budista: Masthorpe no sabía mucho de historia pero no la necesitaba. Cerraba sus diálogos tocándose la barbilla. Confiaba mucho en su propia nacionalidad y atacaba a españoles, guaraníes, franceses y cualquier pueblo en general que hubiera colaborado en su surgimiento pero que se hubiera resentido lo suficiente como para atrasar su aparición, la de esta nacionalidad que Masthorpe aconsejaba, la nuestra. Criticaba mucho a los suizos, que inventaron el formato "colmo" para el chiste, ese que empieza: "¿Cuál es el colmo de...?". A Mathorpe los colmos le parecían especialmente tendenciosos. Masthorpe era tan nacionalista que era extranjero. De hecho, oscuras fuerzas sugirieron la posibilidad de que fuera holandés: los holandeses han acostumbrado ser buenos argentinos o ingleses, porque como holandeses siempre fueron unos frígidos. Los argentinos, en cambio, sirven como argentinos, pero también como chilenos o brasileros (después de un litigio) o como uruguayos (con la independencia). No corren la suerte de los suizos, que serían unos perfectos Bárbaros. Ni de los mexicanos, que en realidad solo fueron buenos como aztecas. 

El capitán Masthorpe tenía muchos méritos en su carrera y ahora la gente le decía patriota. De otra forma hubiera sido un simple militante: "Capitán Anthes Masthorpe: de nueve a quince, militante; de catorce a veinte, repostero", así es como Masthorpe firmaba. Esta firma explicaría la tendencia evidentemente compasiva de sus llamados "gestos dulces de última hora" (como en aquel día, a las catorce y cincuenta y nueve, cuando ya teniendo que volver a su casa y en la intersección entre el compromiso político y el pastelero, liberó a esos presos canadienses que ofrecían sus servicios simulando ser ingleses). De hecho, Masthorpe, militante, se dedicaba a detener a gente sospechosa de violar el sistema de nacionalidades, porque eso es lo que uno suponía que hacía un militante, así que Masthorpe aprovechó la ocurrencia del pueblo. Entre los méritos que hicieron de él un patriota está la exterminación de unos extraños personajes que aparecieron en nuestro país espontáneamente, sin conexión probable con otro y que intentaron desplazarse libremente por el territorio, ¡cómo si para ellos no hubiera regla alguna sobre ser países! Uno de ellos, de hecho, intentando imitar mis formas, fue el verdadero autor del texto de la entrada "Precursión", que luego yo copié y publiqué sin respeto por la procedencia interestelar de las palabras. Su autoría era, sin embargo, notoria, con ese estilo de sorpresa por el lenguaje que notaron algunos comentaristas y que relacionaron con cierto carácter de algunos extraterrestres que no tendrían lenguaje desde que prescindían del tiempo y de los que nada se sabía hasta el momento: esta raza no había existido necesariamente. El verdadero autor de mi texto, junto con el resto de su especie, fue liquidado por el método indoloro de una paradoja temporal. El Capitán Masthorpe la había promovido.

Tiempo más tarde, el Capitán repudió internacionalmente aquel libro que Mariah Carey, "la extranjera", publicara después de pasar dos años en el gimnasio. Se titulaba "Skinny like me"(2011) y en él hablaba de los niños hambrientos ("pero flacos") de "África y lugares". Mariah ingería la hipótesis de que "quizás nada malo" (p.2) hubiera "en ellos" (pp. 67-68) y exigía que se los dejara vivir en paz y delgados. Pero en realidad, pensaba que "hipótesis" (hypothesis) era un tipo divertido de vegetales. Masthorpe, indignado, le reclamó: dijo que sus propios niños nacionales eran increíblemente mejores y más hambrientos. Mariah Carey se mostró sorprendida. Masthorpe, entonces, la acusó de afrancesada. Mariah no contestó en ese momento: estaba atendiendo asuntos en las Islas Canarias. Masthorpe supuso que la discusión había acabado y que él había vencido por inasistencia. Así también se solía vencer a la muerte, según Masthorpe.

Además, es sabido que Masthorpe adhería al fomento de la nacionalidad por medio del método de la escolarización, con resultados impares. Desde siempre, Masthorpe prohibió la música en otros idiomas, a excepción del danés, mucho más simpático. En realidad, Masthorpe no tenía facultades o cargos públicos que le permitieran imponer la medida, de manera que aprovechó el respeto que la gente sentía por él, que era casi cultural o nacional ¿Qué seríamos sin él? Mucha gente respetuosa adoptó la medida y entendió cada una de las palabras que escuchaba en sus canciones favoritas, con excepción de algunas de origen danés. Esta gente también decía que una canción o una película era "institucional", en lugar de "bella". Con el tiempo ambos términos se asimilarían. Por otro lado, debo al Capitán Anthes Masthorpe y sus amigos el cultivo de un sentimiento inédito, pero un sentimiento que, en teoría, ya estaba latente en mi, aún cuando no estaba (a veces). La metafísica cristiana nos pareció mucho más elemental después de eso. Este sentimiento era el sentimiento de todos los nacionales. Este sentimiento estaba formado por la consistente seguridad de que a todos los nacionales nos unía el sentir que nos unía el tango. No. Que no se me malinterprete. Claro que no todos lo tocábamos, ni lo bailábamos, ni lo escuchábamos: ni siquiera lo hubiéramos reconocido en un concurso de preguntas y respuestas; al principio, nuestros antepasados lo hacían; al principio nosotros lo hacíamos, pero con el tiempo hubiera sido una redundancia. Pero el sentimiento parecía ser más fuerte. Todavía me acuerdo de los hechos de pasión que rodearon a la manzana de la época de mi niñez, y a mi, y a todos mis compañeros, y al descubrimiento de este espíritu nacional del tango y cosas. Solo el pequeño Ínfimo terminó siendo Kantiano (había entendido mal).

{Maestra: Niños, recuerden, la República está justo en el centro de su pecho. Del pecho.
Ínfimo: Maestra, creo que puedo sentirla.
Maestra: Oh, no, Ínfimo. Lo tuyo es una arritmia. El resto lo está haciendo bien.}
Si. Y de verdad que hacían.

El Capitán Masthorpe, finalmente, era considerado el mayor conocedor de perfiles nacionales. Sabía desde los perfiles más populares y conocidos, como el perfil de un inglés, de un francés y el tan conocido "Perfil de un Búlgaro", basado en un amigo. También otros como el de un serbio o el de un malgache, de más difícil acceso porque tampoco es que se los odiara tanto. En base a sus conocimientos, se promulgaron leyes que regían sobre perfiles nacionales. Algunos de los nuestros fueron castigados por suizos. Hay que ser justo y reconocerle a Masthorpe que jamás había salido del país: había aprendido estos perfiles mientras jugaba al Backgammon en Internet. Entonces era una fiesta verlo decir: "Oh, ese es un clásico chino". Y verlo decir: "Típico movimiento de un turco". O también: "Oh, no". Masthorpe no ganaba muchos partidos, y jugar era un efecto colateral de otra misión: la de averiguar perfiles que ya he explicado, ¿no?... Sí. Una vez predijo una guerra civil en Marruecos, después de jugar un partido contra un algeriano. Todos lo festejaron, incluso nuestro primer mandatario, que es una mujer, y tuvo que hacer la fiesta. La predicción no tuvo influencia alguna en el desarrollo de la guerra civil. Masthorpe siempre fue imparcial en asuntos de otros, de aquellos que no podían convertirse en nosotros.

Partida de Backgammon por internet entre un comunista y un cerdo capitalista


Partida de backgammon contra un suizo de esos

domingo, 24 de julio de 2011

Era inmortal pero no lo recordaba

Otro hecho que si podría ser considerado reciente y que no sería una consecuencia o producto de guerra de secesión*, es la (reciente) aparición de los "Hechos de Un Espíritu en Roma", por Un Espíritu. Es un manuscrito que Un Espíritu ayer publicó y que viene desde el siglo en que tuvo lugar su estancia en Roma, hasta que debió escapar (durante el principado) para ser un fariseo en Judea y otro país. Ya la aparición ha suscitado participaciones diversas que no pueden ser consideradas anacrónicas. Muchos (que ahora viven) dicen que el manuscrito es un descubrimiento del grado de lo científico o de lo divino (son religiosamente flexibles). Otros establecen que no se puede descubrir lo que es contemporáneo (son irritables por nomenclatura). Algunos (que coinciden medianamente con los primeros muchos, y que pueden ser muchos pero de otra manera) establecieron que "vivimos en un estado de descubrimiento". Amelita García niega todo, pero incluso pide que se estudien las afinidades del hecho con una guerra civil y establece que confeccionará algunos gráficos de tortas al respecto. Unos últimos encuentran sospechoso el reciente asesinato del cónyuge de Amelita García:

(conversación telefónica del oficial Horatio Cualunque que obtuvimos por circunstancias)
HC: Claro... pues sí... ¡pues claro! Pareciera sospechoso el hecho de que lo encontraran desnudo y muerto en el baño, con ella llorando en la habitación de al lado, que casi siempre suele ser un comedor amplio con ventanas importantes... ¡y las entradas! Las entradas ahí, limpias, ahí, estando ahí sin forzarse para nada, ¡para nada!... ¿Eh? ¿Cómo sabes eso? ¿De dónde lo sacas? ¡ES VERDAD! ¡TIENE SENTIDO ! ELLA LO MATÓ.

Ya podemos decir que las discusiones no tendrán fin, por eso es que esperamos que eventualmente no lo tengan, o que deriven en una discusión sobre Hitler, y se camuflen con sangre y sed de venganza nacional. Más allá de estas predicciones arriesgadas y desinteresadas, es evidente que los mejores momentos del libro de Un Espíritu pueden ser algunos que vienen a continuación. Están numerados de una manera arbitraria que escapan, eficazmente, a cualquier intentona** de sistematización. Algunos revelan amplios e importantes aspectos de la vida romana que, hábilmente, desplazan los aspectos "verdaderamente importantes". Los aspectos amplios habían sido omitidos hasta ahora por "compromiso científico", aquel que todos detestamos desde la vida de Galileo Galilei, que nos enfrentó con el furioso rostro de la naturaleza marginal (interpretación propia). También hay un amplio período de tiempo sin datos, en el que Un Espíritu se hubiera escondido como un campesino o como los Gracos, para escapar de los acreedores.

I
Hoy no fui al senado. Mataron a alguien que no voy a conocer hasta veinte siglos después, por comunicados de historiadores y comerciantes. Fui a las termas.
VI
Catón quiere hacerle la guerra a Cartago, lo que para mi está muy bien, ¡la tal Cartago! Hoy vino Catón al senado. La gente se abría a su paso porque sabía que se venía con él "un hecho histórico", y los vientos del cambio le cubrían la sombra de la cara. Traía en sus manos higos de Cartago. Quería demostrar la necesidad de la destrucción de la ciudad esencialmente estética. A decir verdad, las pruebas eran débiles. De hecho, eran higos.
VIII
Hoy Graco vino a dar ejemplo democrático y también vino a votar su ley en la Asamblea. Hubo revuelta y el senado está furioso. Escapó al bosque y el senado debió acribillar a sus partidarios con un conjunto de arqueros griegos que se hospedaba en la ciudad para dar un concierto de peluquines graciosos.
IX
Derrotan a los Galos en Aquae Sextia, ahora Galia***
LXXXV
Hoy fui al senado. Pasó "La conjura de Catilina", pero la resolvimos con presteza militar propia del siglo II (antes de la venida de la cruz) en el período de la República Romana, en donde las conjuras eran clásicos espectáculos de circo.
XC
Hoy fui al senado. Pasó algo que después llamarían "Primer Triunvirato". Nosotros, en cambio, solo habíamos acordado en decirles histéricos. Estaban enfurecidos y por eso firmaron el Primer Triunvirato... ¿o eso fue antes?
XCII
Pompeyo pierde contra César. Dijo que su problema fue: "hay demasiados generales en mi cuartel". Y es verdad, ya Cicerón se había quejado de las medidas de las habitaciones en la Antigua Roma. Eso no se reformularía hasta Octavio.
XCIII
¿Egipto es también nuestro? ¿Qué es? ¿No había sido asesinado después de esa peste? ¿Qué está pasnidhihfusfbug...
CXX
Senado. Hubo una discusión que dicen que es importante, pero nosotros no sabíamos. Lucino dice: "Nosotros no dudamos de dudar en la veracidad de sus hechos". César responde: "Entonces dudan". Por eso mismo se resolvió la guerra con un estruendo de aplausos. Salimos a legislar sobre colonias de payasos en la África de Cártago. Son payasos muy graciosos. Tienen colores algo fuertes. Hacen reír a los generales de Numidia, que se están revolcando (hacen una revuelta). Son payasos vitales para el imperium. Parece mentira que estos payasos sean los encargados de dirigir tres milicias cada uno para vencer a los generales de Numidia. Es una risa.
CXXIX
Augusto es príncipe, según lo que dijo. Hay revueltas (también fui al senado).

El resto del libro no es diferente. Un Espíritu acusa de homosexualidad a muchos, pero en realidad parece difícil entender que los está elogiando, ya que después los recomienda para el mando de los circos (que, ¡parecerá mentira!, pero son monumentos a dioses griegos). Esperar una segunda parte sería acusar a Un Espíritu de fabulador. Pero estamos ansiosos.

*Amelita García, recientemente, habría acusado a todos los hechos recientes como "consecuencia o producto de guerra de secesión" en su gráfico de tortas sobre guerras de secesión, en el que el ítem marcado recibe un alto porcentaje en torno a un parámetro que se olvidó de marcar, en su libro "¿Por qué guerras de secesión?"
**Ya la influencia del libro se hace ver con palabras como ésta ("intentona") y otras como "¡Estúpidos cartagineses! Habrá que destruir a los cartagineses", "alevoso", "democracia" y "ley pública", todas ellas desconocidas y difícilmente extrapolables a esta época, pero que ya son víctimas de los más fríos intentos. También el uso de la palabra gracioso para, en realidad, decir "agraciado", pero sin que nadie lo sepa, ni siquiera el que lo usa.
***Hoy, URSS****.
****Hoy ya es Israel.

sábado, 22 de enero de 2011

Intercesión: Un descanso

Hans Krûger y otras mujeres han sugerido, de manera sola, la importancia de la escucha de voces femeninas, aún en los rincones menos parturientos del mundo, como en China, en donde el método es la Reencarnación. Así es como sugirieron y como yo debí haber escuchado y haberme sentido llamado por voces femeninas entre las que se cuenta la de Hansa Krûger y otras más, que se dedican, desde hace semanas, a impartir el conocimiento del cuerpo del que tan sorprendentemente estábamos alejados según conclusiones que excluyen (no por tendencia) las otras voces contrarias (que no son solo voces de hombres). Ya Élide Viamonte, confidente de la señorita Krûger de pómulos espolvoreados, dijo que Shakespeare escribió sus obras por encargo de una prima desgraciada, o en instancia de posesión femenina, o creando un narrador de tono deliberadamente femenino, todas estas, teorías que aplica en ocasiones. Ya, también, un santo dijo que los ángeles "guardan el aliento sensual de Afrodita o de cualquier mujer; guardan también su compostura y sus efectos; no hay ocasión de pegarles o de asemejarlas o de impedir que les robemos el espacio en la lista clasificada de Dios". Hansa Krûger prefirió no entender lo que yo le dijese: que siendo este espacio* uno para la difusión de mi voz (y a veces de la de Un Espíritu), era inoperante y casi siempre del diablo tener que incluir una personalidad contraria que bien podría hacerse de su propio espacio. Hansa Krûger continuó sosteniendo que en ningún espacio puede sobrar una voz femenina (y en ninguno sobra). Así es como decidimos hacerla intervenir con este texto que escribió en el Otoño pasado, cuando hubo concurrido a un recital de música ligera.

*Querrá decir: blog

Última crítica a un último disco de la banda que todos aman, Oasis

Los acordes del disco empiezan como ya empezados. Esa es una ley que Oasis sabe aplicar por la literatura. En otro momento, cada lugar ocupa su lugar. No hay pasos pensados en este disco. Este álbum es de la clase de los transportadores: porque permite un viaje o dos. Su escucha es una fiebre oceánica de pléyades sucumbiendo a la tentación de la carne, en el descenso del hombre por las serpientes, ante un agua (o dos) que rompe oscura. Una acumulación de sonidos guiada con maestría que siempre parece estar queriendo decir algo o ya lo dijo.**

Una canción es múltiple o proliferante. Hablo de la tercera que en un momento es dos canciones. Está la canción primera que a partir de ahora llamaré primaria: los tonos claros de la cítara rubicunda, nazi o de Polly Jean Harvey. Después está la otra. La alternante. Al principio es un juego. Más tarde es cuando uno acepta el siniestro. Es otra canción superpuesta, una comitiva de músicos invitados que se dejan llevar por la cítara que ya va uniforme (pero anterior). Inventan algunos sonidos para hacer compañía o solo para bromear, inventan unos pasos nuevos que no existían. Todo se produce bajo el efecto y los dominios de la cítara. Entre los músicos invitados están los integrantes regulares de la banda. La cítara llega como por accidente: el progreso del grupo es notorio con respecto de la obra anterior, pero aún se cometen ciertas frivolidades, como los intermedios electrónicos inspirados por la mejor prosa de Arvo Part (son tres intermedios de corrido).

Otra canción, la segunda, está hecha con fuerza y está pensada para ofrecer contraste con la primera que hablaba de conflictos en la infancia (pero el tono es profético). Esta canción intenta ser alegórica. Hay algunas maniobras que fueron pensadas para causar tal o cual efecto. Con pericia, el efecto se disuelve antes de que llegue a causarse algo. La intención de cierta progresión hacia el final nos da la pauta: ; o el álbum es progresivo. Otras intenciones son las de teología en el medio y otra más clara para incluir tres canciones que vendrán más tarde en esa única, para ofrecer cierta sensación de circularidad. Con la exactitud del traductor o del hereje, todas estas intenciones quedan dulcemente inmovilizadas antes de cruzar el umbral sajón de las cuestiones físicas o reales o empíricas.

El resto de las canciones es reductible fácilmente. Hace mucho que vengo oyendo hablar, eternamente, sobre la "reseña" y también sobre la "referencia cruzada" (pendiente de la geometría y el satanismo)***. Según sé, el proceso del que se abusan estos tópicos primogénitos es el de la recolección de cosas anteriores. Tiene que existir algo anterior de lo que hablar para que haya reseña. Tiene que existir Algo para que exista el diálogo. Por eso es que el diálogo no es el origen del mundo, la reseña tampoco y, por eso, es que el mundo existió aún antes de la palabra, como ya muchos han acertado en decir. Este mecanismo de la reseña es el que se usa, también normalmente, en el resto de las canciones de este disco último. Todas parecen siempre estar refiriéndose a otra. Esa otra es anterior. Con frecuencia, devuelven un sentimiento de nostalgia por lo que perdimos. Guardan y roban la esencia del cover que el cover ya había robado. Cada uno de los acordes suena exactamente como una desviación, como una nota que no era de esa forma, en un original. Hay un tráfico de ideas entre el Mundo Platónico y este álbum último. El factor de la lentitud y el otro de la extensión acentúan el efecto. Canciones lentas, extensas y desviadas. De alguna manera extraña, uno ya se encariña con todas ellas en la primera escucha: que es la segunda en este caso particular (técnicamente). La extraña sucesión de imágenes remitentes se desarrolla, entonces, mostrando el hilo de una progresión al infinito que nunca tiene cara. No hay una copia, hay una reversión, no hay un original. Todas esas cosas que el disco dice ya se sabían pero ahora se explicitan de una manera épica****. Muchos interpretarán esto último así: "La multitud de discos anteriores es una serie de causas que devino en el disco último". No me quejo de ellos pero acepto la interpretación con distancia: el hallazgo de esas causas es tarea deficiente o liquidada de antemano. No hay versiones originales a la vista. Hay un himno, pero no está la carraspera que lo arrastra. No hay mentor y no hay discípulo (Una doctrina del sur de China explica que en esta situación fue que se creó el mundo). Nadie es primero o todo es lo último. La canción nueve suena a buena versión. La siguiente suena a interpretación de un clásico folclórico. La cuarta, más difusa, emprende una renovación inmóvil. Las que quedan se asemejan a las otras. Una única se permite ser una deformación de la ya deforme canción cuarta. Como en todo hecho, La Gente comienza a preguntar: estos comienzos son comienzos de antología. Ya algunas personas hacen inscripciones en paredes y son inscripciones referenciales. Algunas personas dicen cosas de terror y de presagio incomprensible ("pero morimos ayer"). La banda que le dio origen al disco no da señales de entretenimiento y ya ha desaparecido o ha muerto. Otros fundan la defensiva. Ayer fue cuando hablé con estos medios peninsulares, medios angurrientos. Antes de esta reseña, la conversación era necesaria. Son grupos de periodistas, teólogos y otros fetichistas que permanecen estables ante la posible existencia de los originales anteriores. Hablamos de las canciones y me develaron el afán de su empresa: estaban en búsqueda de los originales que dieron esencia a estas que forman parte del disco último. Los reducía un temor: que morimos. Los motivaba una contingencia del pensamiento: que la cantidad de discos de la historia de la humanidad es numerosa pero no es infinita. Les recordé la sentencia de un clásico: "Infinito es lo que nos sobrevive". Los discos lo hacían.

Hoy, esos hombres, han dado en disminuir el número de los discos a uno que engloba solo aquellos a los que se vieron sometidos los integrantes del grupo y todo aquel que hubiera intervenido en alguna de las canciones inconsecuentes de este disco último. Vidas mortales no podrán someterse a cantidades inmortales, a pesar de que nos somete el mundo. Cinco vidas mortales, serán cinco vidas de investigadores, o incluso más: la empresa tomaba el color de la victoria, que no es color metálico. Aquellos hombres habían alquilado una habitación decente pero en decadencia y desde allí manejaban un centro de operaciones de carácter militar del que hablaron mucho pero del que nunca mostraron nada. Su misión cada día gana otros adictos. Actores, cuerno de abundancia, políticos, carnada del altruismo, políticos solo uno o dos. No es la existencia de un original lo que nos excita, es su refutación. Digo estas líneas pero no puedo evitar pensar en otra cosa. En los hombres. Son la nueva cara de un Dios o de una promesa terráquea ¿Qué vida hay afuera del original? Imaginé la cara de uno: se desvaneció en tres segundos. Imaginé a otro y a este lo dibujé: cada cara se desviaba hacia algún párpado que clausura la vida. Imaginé un último: tenía barba de nórdico y los ojos de Argos, inútiles. Hace horas que la imagen está fija. No se va y no vendrá. Nos entrevistamos mañana con uno de estos hombres, el de la barba. No habrá palabras de entremedio porque voy a comprender ya al principio. Solo necesito ver una cara y saber la medida de los hombres que mueren ¿Qué otra cosa hay después de la cara? La cara es mortal y su muerte será la muerte o la excitación.

ANOTACIÓN DEL 5 DE MARZO: La cara es inválida o deforme o la anularon. Todavía sin verla. Ya fueron veinte las visitas que se cancelaron. Tardaré en comprender que la cara me sobrevive. Que es el rostro de mi muerte o de la muerte de todos menos la mía: digo, el Apocalipsis.


**La misma frase había sido utilizada por Mark Kessing(son) (islandés prohibido o islandés encubierto) en reseñas respectivas de los discos "Have one on me" de Joanna Newsom, dos de Silvio Rodríguez y para "Pink Moon" de Nick Drake. La misma frase ya había sido utilizada por Kurt Cobanson al parodiar las reseñas de Mark. Ya alguien había hecho un comentario sobre la cita de Kurt y el realismo homogéneo de Mark. La historia vuelve a repetirse porque otros nos prefiguraron y aún otros nos predijeron. Tal vez soy la cifra final con que muere el mundo una muerte mínima pero colaboradora.
***Se refiere a los últimos veinte años pero el tiempo del texto es otro que el de la realidad: el primer tiempo de las primeras herejías, que eran llamadas reseñas o referencias cruzadas.
****Esta palabra ha llegado a vaciarse de una manera tal que algunos pueden reemplazarla por "larga", "roja", o "pagana". De ahí la famosa disputa entre "mujeres épicas" y "mujeres de una sola noche". La autora utiliza aquí el segundo sentido pero no habría que renegar del tercero de manera tan súbita como hiciera Santo Tomás de Aquino, hace un tiempo ya. Otros prefieren no darle un sentido pero explican esta situación diciendo que es como la Tierra Prometida, ya estaba ahí desde el principio pero ninguno sabe como explicarlo.

jueves, 28 de octubre de 2010

Argumento para la no filmación de un argumento fantástico


No! I am not Prince Hamlet, nor was meant to be;
Am an attendant lord, one that will do
To swell a progress, start a scene or two,
Advise the prince; no doubt, an easy tool,
Deferential, glad to be of use,
Politic, cautious, and meticulous;
Full of high sentence, but a bit obtuse;
At times, indeed, almost ridiculous
Almost, at times, the Fool.
T.S. Eliot: The love song of J. Alfred Prufrock

Wherefore art thou Un Espíritu?
Himno a Un Espíritu


Propietarios del comercio de los sueños y los lazos no consentidos me han rebuscado el estómago hasta picarlo con algún despróposito evidente que me hiciera saltar de la apatía general hacia estas, llamadas, cosas nuevas. Uno de ellos, Hans Krimer, me ha propuesto en tres cuotas no obligatorias, la filmación de una película con inicio en la historia de mi amigo secreto: Un Espíritu. Un Espíritu no tendría nombre y siempre lo llamarían o por señas o por confundirse queriendo llamar la atención de otro y que Un Espíritu se diera vuelta, perseguido y equivocado. Le dije, como primera excusa, que el negocio de la filmación me parecía uno de las más negras vacilaciones del ser humano, desde el momento en que permitían la cópula pero nunca el embarazo o, si lo permitían, extraían a un bebé de este "mundo real" que pudiera encajar con la descripción del nunca-nato. Descubrió alguna falacia formal pero no me corrigió, molestado, pero sabiendo que me preocupaba el destino de aquellos pobres alienados.

Traduzco algunas partes del diálogo en alemán:
- Un Espíritu no tendrá representante oficial. Se revelará al final de la película o no se revelará nunca, eso queda en el criterio del espectador. Se manifestará en los miembros del personaje principal que ya presentamos y atinaremos a entremostrarlo (sic) por uno o dos rasgos sobresalientes que no bastan en conjunto para decir que es otra persona, pero bastan para generar una molestia.

(Diálogos sobre una guerra civil)
En las puntas se le veía un afán cosmogónico y cierta tendencia gratuita hacia el neologismo de las palabras que el castellano no tiene, como "entremostrar" y "discreción", aunque esta última exista a veces pero nunca sea autorreferencial. Tampoco tenemos "autorreferencial".

- ¿Pero quien será el protagonista?

- Usted, ambiguo.

- ¿En base a qué? ¡No protagonizo nada! ¡Es un personaje!

- Entonces será su personaje

- De acuerdo

- De acuerdo, ambiguo.

Los siguientes minutos fueron hablados desde la posibilidad de iniciar la película en el marco del estereoscopio. De terminarla en el marco del estereoscopio hicimos un resumen de ocho minutos. Desde la primera impresión encontré que nuestro hombre, Hans, determinaba todo su amor por la cinematografía por el dogma del estereoscopio y que una vez había diluido células de un tallo vegetal. En perfecta instancia, mi historia era una excusa para el uso de esta técnica narrativa, en breve y culposa asociación con la técnica de los sueños, de la imitación y de la pantomima.

Hans Krimer se afanaba por iniciarme en este negocio de los ventrílocuos. Un detalle siempre me había impulsado a cometer algunas desaforadas, liberadas, riesgosas y arrancadas asociaciones mentales. Era el detalle de los guiones y de llamar a los personajes por lo que eran. En el caso de que una película se llamara "El hermano Idiota" y de que Hans Kramer jugara en el rol de "hermano idiota", su nombre será corregido desde "Hans Krômer" hasta "Hermano idiota". Un futuro y potencial pero, sobre todo, otro actor llamado Hans Strôgmer, será el hermano del hermano idiota. Se lo rotulará como "Hermano del hermano idiota" y no como "Frédéric Kraumer" (Frédéric, Hans, Kraumer). En esta película que Hans Krimer oficiaba, podría ver casi resuelto el fetiche que me condecoraba "Excéntrico". Hans Krimer, por su parte, no entendió la necesidad de incorporar al elenco a un hermano idiota, pero supo relacionarlo con la cuestión de las deficiencias emocionales en la infancia, alguno de los trastornos que se presenta como tópico central o como "tópico angurriento de fama" en una de las líneas de la obra que reza sobre Un Espíritu. Otro detalle clave que Hans Krimer sugirió mencionar es el de que todas estas personas resultaron (al menos alguna vez) ficticias. El hermano idiota está incluido.

Entre las otras conversaciones con Hans Krimer, éste se declaró realista y soltero, todas profesiones, no solo insólitas, también unitarias, infelices y presas del subjetivo afán objetivista. En español serían las profesiones del obrero y las del liberal, pero esta, como toda transliteración, sufre de espasmos y de trasnoche. Intenté medir el éxito de la película de acuerdo con estos parámetros, pero el resultado fue un fracaso mental o el plagio a "El gabinete del doctor Caligari" (película, ya ella sola, harto facsímil, de tiempos breves y alegoría circular). Hablamos otras tantas cosas que nos dormimos y pensamos que no hablamos nada (pero hablamos). Entre las intervenciones forzadas de la señorita Hansa Krûger, maquilladora, están su afán de tierras en la ex-Alemania Oriental y su otro afán (Afán que ella denominaría "Afán II") completamente distinto y sin plan, posesión de esclavos en un campo de trigo. Ambos afanes me parecieron menos determinantes que hermosos, y decido traerlos. En el medio del segundo hubo interferencia y los esclavos pudieron tener el riesgo de acabar con herpes: no llegué a percibir este último punto, como ya hice notar, pero su mínima importancia reside en la belleza de volverse explícito o en la graciosa algarabía de quedarse mudo, como en interferencia.

Un importante conflicto surgió a la hora de ensayar la escena que dice que en la segunda guerra mundial no hubieron muerto tantos. El segmento fílmico era iniciado por un cartel de medidas máximas comprimidas (que seguían siendo, todavía, máximas). Como en todos los casos anteriores, yo presenciaba el curso de las representaciones que Hans denominaba "entrenamientos", pero en verdad quiso decir "enumeraciones". Jamás pudimos reemplazar con algún éxito remoto esa locución hispánica en el panorama de germanísimos inmóviles diciendo que se matarían, jugando a los soldados y vaticinando muertes horrorosas pero, gracias a Dios, futuras. La cuestión, que llamó a todas mis atenciones a comparecer, involucra a Hansa, a Margo y a otro, pero todos estos son nombres de vida real, como comer embutidos. Daban pasos de alegría, que son los pasos de la actuación. Las miradas eran siempre de tres cuartos de perfil y, a veces, de medio, pero siempre consintiendo que los ojos parecieran muertos o vacíos, ojos de muerte, de sueño y de idiota (muertos y soñadores). Margo escuchaba atenta las razones que el otro daba sobre una cuestión. Hansa la maquillaba y ya estaban filmando (porque Krimer es vanguardista). El otro daba su papel. Y ahí es cuando decía (en tono de amor) "Y que (...) y lo que nos acaeció", decía cosas de un conflicto armado que dejaba anónimo. Cuando llegaba a las partes donde había un sujeto explícito como era "Guerra" o como eran sus actores propios, unas omisiones incidentales, cuidadas hasta el cansancio, irrumpían sin temor infundado. Como no entendidos. Venían, decían pero sobre todo omitían. Iban omitiendo, así, omitidos ellos mismos. No sabían que yo había estado hablando de ellos y que ellos estaban muertos (según lo que yo decía).

Otros sucesos menos innovadores pasaron. Una mujer se negó a ser su papel y apareció en las cintas de filmación haciendo de otra que era el mismo personaje de Margo, pero en los momentos que le incumbiesen de verdad. Sorprendentemente, su molestia no se hizo notar y todos pensaron que en verdad era quien no hacía que era y ella tuvo que quedar muy resentida. Este resentimiento fue de lo menos interesante porque, después de todo, su papel era, más bien, agregado, último, colgante o durmiente. Otro hombre negó la calidad de mis argumentos y negó la doctrina de Un Espíritu sobre el tiempo de la eternidad, en propia escena. En esos momentos se sintió un movimiento como de placas en el suelo.

Avisan de afuera que el éxito de la película es cuestionable. El impulso creador de Hans Krimer no será más que un impulso plagiario. Su duración (aproximada) es de veintidós horas. En la película quería estar el mundo. Siempre está el mundo, acá quería estar entero. No podía evitar llorar por Hans Krimer. Los mayores fracasos, suelen ser los propios. Un pintor fracasa vivo pero por una mancha y después muere y es famoso: el fracaso no era de él, era de los otros. Hans Krimer fracasaba todo él. La película duró un mes ante el ojo público, pero eso decir bastante poco porque, en su transcurso, confluyen, apenas, unas cuantas pocas emisiones justificadas por la duración. Todas las copias fueron conminadas al destierro de todos los países. Visité a Hans Krimer el verano pasado. Reía, congestionado, y compilaba alas de mariposas. En esa colección estaba el influjo de la magnífica memoria de un fauno que es la memoria de Dios, poco más o poco menos, aunque a la altura de los infinitos, las cosas tienden a igualarse. Las primeras palabras que dijo fueron de aprecio inútil. Las segundas eran sobre su película. "Se siente el vértigo". Le dije que eran veintidós horas (aproximadas). "La belleza está en el transcurso. He sabido de gente que se muere, gente mayor, y lo último que ve es un estereoscopio. Pero esos, solo lo que mueren al principio y al final de mi película. Hay otros. Hay partos, por ejemplo, muertes mínimas. Hay de todo mientras pasa mi película". Le dije que si (por decir) y le dije que estaban pasando cosas. Me dijo algo que no entendí, pero en realidad quería decirme que siempre están pasando cosas. Nos despedimos pero mucho después.

Fin

domingo, 25 de julio de 2010

Un Espíritu (O Historia Natural de los Plagios a Uno Mismo)

"Hola. Soy Un Espíritu pero ustedes ya lo sabían porque respiro en Lucida Grande cada 2 (dos) Large de tamaño hasta que a las letras le pasan carbonilla y no tengo necesidad de apretar sobre "negrita" para justificar mi superioridad intelectual. También lo sabían porque este coso* es muy predecible y porque Leibniz dijo respecto de la lógica continuidad:

"Existen dos tipos de verdades: Las verdades de la razón y las verdades de hecho"

Y Leibniz SIEMPRE escribe así, aburriéndose en Times hasta matarse.

Entonces, así había dicho mientras saciaba su intelecto humedeciéndose los dedos de brandy o algún licor de esos que yo nunca probé (yo, Un Espíritu) pero que, seguramente, son hermosos para oler y hasta para sacudirlos desde una altura considerable que no supere mi altura de manera que uno no corra con el riesgo de mojarse la frente y bautizarse de brandy, iniciarse en una secta oscura con bolsas grandes pero angostas que cubren la cabeza pero no lo suficiente como para morir, uno, tragándose el aliento de ocho días y que es el verdadero culpable, de la muerte, pero que queda impune porque a la muerte todos la tienen entre ojo y ojo y porque siempre uno muere por culpa de otro, como por culpa de un sable, o por culpa de las desigualdades raciales o de la misma muerte que se puede resumir en "Ataques cardíacos" (como Leibniz dijo). Cierto es que mi altura no supera el metro cincuenta."

Así acababa el reinado de las palabras compuestas, la dislexia cognitiva, de las citas circulares, del oxímoron comulgante y del amor (y del terror). Muchos fueron los que se quisieron matar o quisieron adquirir una hipoteca en cuotas tras la agresividad lingüística del otro, del anterior, al que yo (Un Espíritu) suplanto. Porque así la gente iba sintiéndose entrometida, invasiva, insalubre o dudosa en este coso* así iba mudándose y se callaba porque eran muchas palabras y muchas frases y porque "terminaban en 'Así dijo'" o muletillas de esa estirpe. Es cuando uno como yo, Un Espíritu, debe tomar el control de la situación, ajustar las medidas, calibrar las válvulas y permitir que se desagüe el ambiente "con pérdida de energía, de manera que el caudal desaguado no dañe la obra de alivio o las laderas, acopladas a turbinas para reducir el golpe de ariete en la tubería de presión" (Soy Un Espíritu y recito con la ciencia cierta, el funcionamiento de las válvulas en las represas, de manera que se funde una ligera analogía con la descompresión de los medios saturados. Esto debe notarse, Un Espíritu sabe de la forma de las válvulas).

Soy Un Espíritu y he vivido los tantos años que yo mismo soy los años y que yo mismo mido el tiempo y que soy el que tarda o el que no viene, el que existe y el que todavía no murió, porque el tiempo no muere hasta que el último ser humano fallece, o hasta que el tiempo muere. A lo largo de mis latitudes se han matado, con el paso de mis latitudes unos se han enterado de la crudeza del mar, o de la crudeza del tiempo (de mi mismo) o de la crudeza de los otros hombres. O se han enterado del mar mientras otros siquiera conocían la costa y se morían en la selva hermética o se mataban en la playa errática a la que llamaban, fortuitamente αιγιαλός, pero nunca "playa" o nunca "costa". Se enteraban de un idioma o de la dialéctica que las piedras habían callado o habían escondido con la ayuda del tiempo. Todo eso me pasaba. Una vez discurrí sobre la dialéctica y sobre Sófocles con un hombre de ahora y con el mismo Sófocles. Otro siglo, participé de la causa de los solteros liberales, del lado de Emerson. Dos horas después, los nativos nos acribillaban con balas como lanzas (eran lanzas). Una hora antes, había escrito mis memorias. Ocho horas después, tomé a mi mujer por bruta y la llamé prostituta en un acceso de rabia. Veinte horas pasadas, retorné al campo y puse mis manos sobre un grupo de sangres consonantes, como esferas platónicas que rechazan el contacto. Antes de que muriera el día, besé a Emerson en los labios. Dos siglos más tarde, me maté. Dos días después me vinieron diciendo cosas del espanto y del sueño y la vida, y bebimos botellitas de licor, de un trago y sin respirar. Una vez uno me llamó falaz y me dijo que "no existía", me disculpó por el resto de la humanidad y yo matado o voluble pidiendo perdón por no saber griego. Otro día me enfrentaron y me supieron expresar la incapacidad de ser yo al que le pasaban todas estas cosas (por mis rasgos de "Tiempo") y, al mismo tiempo, ser yo el que hiciera mis propias acciones. Les dije que "Emerson aquella vez, en verdad, en verdad les digo, se besó con toda la humanidad". Me perdonaron ellos también y al día siguiente crearon la metafísica. O se enteraron.

Así llego hasta estos días. Miren, miren como me ofrecieron el don de la parodia y así preludié esta entrada en este coso* con una cita narrativamente indecente, pero más inútil que hermosa o ágil o crítica. Así, miren, como puedo parodiar al otro, al anterior, al que suplanto. También puedo hacer esto: ºªº. O puedo hacer una lista de cosas hermosas y puedo configurar una serie de adhesiones a causas particulares:

1- Puedo empezar diciendo la supremacía artística de Tom Cruise quien, definitivamente, no habla sus libretos como si fuera un "analfabeto latinoamericano de la era de los maniqueos nacionales, leyendo en ruso" o como si "ayer se murieron todas las gracias del planeta y todos los hombres susceptibles de utilizarlas, menos una pero ya no tenía gracia". De esta manera, como pueden ver, empiezo con el olfato de parodiar al otro, al anterior, a ese Idealista.

2- Puedo continuar mi lista, entonces, con una negación de otra suscripción que el anterior (el hombre al que reemplazo) habría ejecutado con negligencia (según lo que creo negligente, claro). Entonces escribiría que: "Contrario, completamente, a la adhesión que el otro formulara de esta manera (y entonces detallo la adhesión que el otro formulara):

Y tal como dice Tucídides: Ellos son osados, intrépidos (...), vosotros (los espartanos)
sois cautelosos y no confiáis en vuestro poder ni en vuestro
juicio, (...) vosotros las odiáis (?) (...), vosotros no, (...) vosotros, (...) vosotros (...).
Para al fin agregar, Tucídides, con aire de consubstancialidad: "Los espartanos
son todos unos frígidos"

No puedo, a diferencia del otro (al que reemplazo) vindicar esta demostración de la alternancia de melosidad jactanciosa con hemorragia de escrúpulos, por lo tanto, la niego en otro de los dogmas de mi lista que aquí terminaría, en este punto (aquí:). (<---Ahí)

Puedo hacer muchas cosas. Como por ejemplo: puedo seguir parodiando al otro. Ahora puedo repetir algunos dilemas coronados al grado de existenciales, sabiendo, primero, las cualidades lingüísticas del otro, del anterior, del Idealista y repitiéndolas como deletreando cada palabra y pensándola hasta que se desmiembran los brazos, las piernas o las ramas. El otro, el de antes, decía muchas cosas y no decía nada. Manejaba la técnica de tomar la parte por el todo o de tomar ninguna parte por la parte y por lo entero. Utilizaba el recurso de la perífrasis eterna. Sus maneras de decir al perro iban desde el simple nombramiento "perro", a la enunciación indirecta: "cerdo, gato, mamífero" (eso es un perro). Otras veces podía desatarse el dilema y entonces no era este perro el mismo perro de otro texto. E incluso las formas del perro podían variar de un párrafo a otro, perdiéndose alguna pata o incluso el mismo perro. De esta manera, se prevenía utilizando el tecnicismo y la injusticia linguística que resumía en dos palabras dichas a contraluz o en penumbras y a la hora de la siesta: "¿Por qué decimos "Sonrisa", decimos "risa", pero tenemos que andar de un lado a otro para definir la "sonrisa en una boca con amalgamas dentales"?". Así, el otro, pedía que cada concepto tuviera su propia palabra y así terminaba el discurso diciendo que "osteometalloiinfectumrisaP" (en donde P es el artículo indefinido) significaba, en un ejercicio tedioso, la "sonrisa en una boca con amalgamas", que antes hubiera sido desdichada y hasta sin tecnicismo propio. Así o en griego.

Entonces, podemos seguir en ánimo de parodia hacia el otro, hacia el Idealista anterior (el de antes) decir que las preocupaciones ideo-geógraficamente (tecnicismo) más recientes, sabiendo ya que los ríos universalistas de la parábola se han secado (Referencia filosófica), se reúnen en el dilema de las "Patas de la mesa" o de las Mesoiinfectumpaton (término específico). De manera que uno, cualquiera, podría preguntarse "Si la famosa metáfora de los valores de la Italia de entre-guerras dicen que para prevenir el contacto de un cuerpo con un estado indeseable pero nominal, lo que se debe hacer es acariciar el lomo de alguna madera sin patas... ¿Pueden tocarse, para prevenirse de un imperecedero estado futuro, o para evitar que mis cachorritos se mueran o que Dios me escuche, pueden tocarse(repetición de las primera palabras) las mismas patas de la mesa, ya que son patas en si mismas y no poseen patas propias (elevación metafísica del mensaje)? Así uno dice. Entonces este dilema convencional hace estragos y la gente se muere o se mata o busca sogas de material resistente para ahogarse en un ventilador o en un objeto de alguna altura. Pero otros aún más deprimidos no tienen la altura necesaria y entonces no pueden llegar a colgar la soga desde alguna altura y entonces se matan(Dramatización del estado global). Como yo, que no llego al metro veinte o que estoy veinte metros abajo de la tierra (Un Espíritu e Idealista Empedernido están creados por contraste). O yo, que prefiero al espartano antes que al famélico e indestructible e incolgable Ateniense (Un Espíritu e Idealista Empedernido difieren en valores morales...

¡¿QUIÉN HABLA AHÍ?!...
¡No! ¿Quién habla allí?...
Un Espíritu, ¿allí?...
Uno...
¿Quién?...
Otro... El mismo que escribe
¿Escribe?
El mismo que habla. Hablamos.

)

*Coso en el original: Blog

martes, 16 de marzo de 2010

"Obras Completas" Un Espíritu

"Tales son los usos de la ambigüedad corpórea. Cuando no me busquen, ahí estaré. Cuando me busquen, también. Cuando me necesiten, estaré con algunos reparos referentes al reembolso de gracias santificantes. Cuando observen pasar el mundo ante sus ojos (observen pasar) el mundo ante sus ojos (hagan el mundo a los ojos)... Estaré. Estaré también en los recitales internacionales, en las juntas directivas de un consorcio hotelero y en las playas del sur de Bolivia. Ahí estaré. Tales son las formas que adopta la ambigüedad corpórea. Y que cuando no esté, ahí estaré."

Idealista Empedernido durante la Conferencia sobre la "Conferencia sobre
problemas mundiales que deberían ser renovados"citando a
Un Espíritu en la "Conferencia sobre problemas mundiales que deberían
ser renovados (Y el helio atmosférico)"

...y eso es todo lo que puedo decir acerca de los matrimonios entre gente de cuerdas vocales gruesas y los trastornos degenerativos de audición. Pero en el rumbo de los trastornos degenerativos, es importante confiar alguna luz a la más reciente publicación que algunas personas de algunos países estaban esperando. "Un Espíritu: Obras completas". Es quizás el libro más apto para una arritmia emocional y una migraña de felicidad de entre los libros de poesías, las poesías, los poemas y los decretos de necesidad y urgencia que se han publicado en los últimos tiempos. No contiene ninguno de los escasos escritos que Un Espíritu publicase hasta la fecha de mañana, pero es una recopilación de pensamientos que dos personas que lo conocieron hasta el bronco espasmo, supieron hacer y hasta, dicen los más avezados en la materia de la calumnia, intuir. Es entonces, una sucesión de intuiciones sobre la mentalidad de uno de los más grandes pintores sociales de las últimas décadas. Ayer por la noche sonó el catarro del perro mudo del vecino de la casa. Me trajeron el libro y lo dejaron sobre una alfombra como para que se congelaran, o al menos esta intención visualicé con apenas dos minutos de sueño de atrás y de mañana. No pude evitar pensar que esa era la facción de Un Espíritu y que tenía cara de "gordo, poblado, blancuzco y oliente". Esos adjetivos me parecieron muy acertados y me recluí en el sillón para imaginar (con mayor comodidad) el ruido de esa calificación que hacían sonar con la voz de la tradición. Estuve muy contento por esto.

El libro está dividido, tímidamente, en sub-libros. Pero estas categorías están seguidas por una invitación al "olvido de los sub-libros, según usted acuerde". Yo acordé encantado.

Ya en los primeros relatos, la naturaleza atrevida de la pluma sale a la luz, y me río un poco pensando en como sonarían estas letras ejecutadas por un grupo de neo-avant-prog-folk (revival) , pero después casi me mato de la emoción al recordar que Un Espíritu odiaba esas bandas "inmaduras" por considerarlas "amusicales". Esa es la capacidad neologística de Un Espíritu, que es también la sombra desperdigada en los subsuelos del imaginario colectivo.

El cuarto cuento trata de la muerte de un personaje que en realidad no existe ni siquiera en la ficcionalidad y de las procedentes investigaciones relativas al hecho que describe "tan sangriento como enigmático". El primer cuento no está y tal es la paradoja que Un Espíritu vierte con maestría. Me miro a mi mismo (a este fin me aproximo al espejo) y digo "Un Espíritu es el artista de nuestro tiempo".

En algún momento hay un cuervo en mi ventana y yo estoy muy feliz porque majestuosamente he adivinado la caligrafía de Poe en algunas líneas: dibujada hasta con cierta perfección que es la cifra de un dios. Mi agobiante costumbre de no leer los títulos me condena a la ignorancia. “Plagios”, así se llamaban esas líneas en las cuales había descubierto la caligrafía de Poe, la majestuosa caligrafía.

Sesgado por el alcohol, procedo a leer, del mismo libro, una novela de ochocientas páginas abarcada en solo cincuenta. Tal vez la influencia de Poe sea menos evidente aquí, porque se descubre simultáneamente la de Emerson, la de Dickinson, la de un viaje a la Antártida y la propia misma (que es un poco la de Poe). Pero más tarde el cuervo embiste y ya casi es una obviedad que el texto habla de un asesinato en medio de una boda que se resuelve con una ambigüedad escalofriante. Dos minutos y uno entiende que tal ambigüedad es el objeto del relato y los suicidios, martirios o congestiones que de esta puedan resultar. Adjuntadas, unas notas periodísticas acusan varias imperfecciones en la cuestión de la técnica narrativa. A lo largo de la novela de ochocientas páginas abarcada en cincuenta, personajes mueren para después vivir o un día son jóvenes y a la otra página o al otro año gozan de la insuficiencia renal. Y estas insuficiencias solo puede adjudicársele a un viejo. O están casados y después son monjas (casadas). Todos estas inconsistencias en la trama que algún iluso podría llamar “inconsistencias en la trama”, no son más que un estilo del que Un Espíritu abusa en la supremacía del efecto por sobre la coherencia. A unos pocos kilómetros, en un apéndice, se sintetizan algunos debates pretéritos con motivo de las insuficiencias renales en la juventud.
No puedo evitar sentir el manotazo en la puerta y yo vuelvo a estar feliz porque Un Espíritu escribía un poco bien y porque adiviné que es alguno que hace encomiendas, el que está golpeando en la puerta. El hombre de las encomiendas me dice sobre mi perro que le come los geranios y yo no puedo hacer menos que mirarlo un poco y decirle “adiós vecino”. Se va a su casa. Dos horas después aparece el verdadero hombre de las encomiendas con una nota de parte de un amigo en letra roja:

“Todo es una parodia”

Así reza la nota de mi amigo, ilustrada en rojo para que uno conozca su terror.

Una vista flaca por sobre los espacios más invisibles de mi habitación hasta ver el libro, el libro de Un Espíritu cayendo con el peso de sus veinte mil volúmenes resumidos en uno, cayendo así contra la mesa de una madera que no se dice porque todas las maderas ya se dijeron mucho. Ese libro resulta ser una parodia, según lo que mi amigo (¿roble? ¿pino? Es inútil). Sus obras completas no pueden ser una parodia. Pero pueden.

La lectura del volumen continúa con una historia cuyo desenlace se produce en la eternidad y con cada verbo y cada acción y cada rasgo facial prologado por un "eternamente" que le confiere el carácter simultáneo a la obra. A los ocho verbos he concluido que la muerte es un horror. El argumento del siguiente relato no importa demasiado, su verdadera característica consiste en la incoherencia de la numeración de las páginas, que ofrece un efecto de "infinidad" que a uno lo asusta. Uno lee la "200", para pasar a la "300" o, aún peor, a la "500" o a la "10", de modo que debe volver a la "primera página 10 que ya se leyó", para descubrir que "El canto del canario sobre las termópilas (Canción de Jerjes)" tiene una nueva resolución relacionada con cerdos y hemorragias. A partir de allí, la ejecución es más vaga e inabordable.

Un último segmento me hace llorar. "Epitafios" es, como su nombre parece indicar, una recopilación de epitafios. "Al más invencible" reza uno. "Vividor hasta la muerte (hasta el cedro del cajón)" reza otro. Un último, es un sistema de enumeración de prostitutas usufructuadas, abordadas o enamoradas en vida "para los honores del difunto". Finalmente, una recopilación de poemas breves (y capaces de ser omitidos) y frases célebres. De ellas, las menos olvidables:
"¿Quién quiere negros habiendo tanto cine hollywoodense?" (Un Espíritu en la conferencia "¿Por qué negros?")
Otras pertenecientes a su colección personal en hojas oficio blanco mate:
"El comunismo es una forma de la mediocridad"
"El capitalismo es una forma de la mediocridad"
"La mediocridad bienintencionada, es un don"
"La democracia basada en el poder de unos pocos. Esa es nuestra idea de gobierno."
"Llámenme circunciso, pero es preciso economizar la cultura."
"¡Oh, madre Rusia! Es necesario felicitar al pueblo ruso. Y, además, es muy meritorio."
"Si, querida."

Al finalizar, supe que mi amigo tenía razón. Era una parodia, una parodia de todos nosotros, ¡artistas del hambre! ¡artistas de la perspicacia! ¡de la vanguardia! Y todo por ese sinvergüenza de Un Espíritu que yo creía tan abstracto y tan "sombra desperdigada por parte del imaginario colectivo", tan "idea per otro", tan "analogía de las culturas dominantes y de la etnografía estructuralista". En cuanto a mí, esperaré por su, aún más exitosa, secuela.