domingo, 25 de julio de 2010

Un Espíritu (O Historia Natural de los Plagios a Uno Mismo)

"Hola. Soy Un Espíritu pero ustedes ya lo sabían porque respiro en Lucida Grande cada 2 (dos) Large de tamaño hasta que a las letras le pasan carbonilla y no tengo necesidad de apretar sobre "negrita" para justificar mi superioridad intelectual. También lo sabían porque este coso* es muy predecible y porque Leibniz dijo respecto de la lógica continuidad:

"Existen dos tipos de verdades: Las verdades de la razón y las verdades de hecho"

Y Leibniz SIEMPRE escribe así, aburriéndose en Times hasta matarse.

Entonces, así había dicho mientras saciaba su intelecto humedeciéndose los dedos de brandy o algún licor de esos que yo nunca probé (yo, Un Espíritu) pero que, seguramente, son hermosos para oler y hasta para sacudirlos desde una altura considerable que no supere mi altura de manera que uno no corra con el riesgo de mojarse la frente y bautizarse de brandy, iniciarse en una secta oscura con bolsas grandes pero angostas que cubren la cabeza pero no lo suficiente como para morir, uno, tragándose el aliento de ocho días y que es el verdadero culpable, de la muerte, pero que queda impune porque a la muerte todos la tienen entre ojo y ojo y porque siempre uno muere por culpa de otro, como por culpa de un sable, o por culpa de las desigualdades raciales o de la misma muerte que se puede resumir en "Ataques cardíacos" (como Leibniz dijo). Cierto es que mi altura no supera el metro cincuenta."

Así acababa el reinado de las palabras compuestas, la dislexia cognitiva, de las citas circulares, del oxímoron comulgante y del amor (y del terror). Muchos fueron los que se quisieron matar o quisieron adquirir una hipoteca en cuotas tras la agresividad lingüística del otro, del anterior, al que yo (Un Espíritu) suplanto. Porque así la gente iba sintiéndose entrometida, invasiva, insalubre o dudosa en este coso* así iba mudándose y se callaba porque eran muchas palabras y muchas frases y porque "terminaban en 'Así dijo'" o muletillas de esa estirpe. Es cuando uno como yo, Un Espíritu, debe tomar el control de la situación, ajustar las medidas, calibrar las válvulas y permitir que se desagüe el ambiente "con pérdida de energía, de manera que el caudal desaguado no dañe la obra de alivio o las laderas, acopladas a turbinas para reducir el golpe de ariete en la tubería de presión" (Soy Un Espíritu y recito con la ciencia cierta, el funcionamiento de las válvulas en las represas, de manera que se funde una ligera analogía con la descompresión de los medios saturados. Esto debe notarse, Un Espíritu sabe de la forma de las válvulas).

Soy Un Espíritu y he vivido los tantos años que yo mismo soy los años y que yo mismo mido el tiempo y que soy el que tarda o el que no viene, el que existe y el que todavía no murió, porque el tiempo no muere hasta que el último ser humano fallece, o hasta que el tiempo muere. A lo largo de mis latitudes se han matado, con el paso de mis latitudes unos se han enterado de la crudeza del mar, o de la crudeza del tiempo (de mi mismo) o de la crudeza de los otros hombres. O se han enterado del mar mientras otros siquiera conocían la costa y se morían en la selva hermética o se mataban en la playa errática a la que llamaban, fortuitamente αιγιαλός, pero nunca "playa" o nunca "costa". Se enteraban de un idioma o de la dialéctica que las piedras habían callado o habían escondido con la ayuda del tiempo. Todo eso me pasaba. Una vez discurrí sobre la dialéctica y sobre Sófocles con un hombre de ahora y con el mismo Sófocles. Otro siglo, participé de la causa de los solteros liberales, del lado de Emerson. Dos horas después, los nativos nos acribillaban con balas como lanzas (eran lanzas). Una hora antes, había escrito mis memorias. Ocho horas después, tomé a mi mujer por bruta y la llamé prostituta en un acceso de rabia. Veinte horas pasadas, retorné al campo y puse mis manos sobre un grupo de sangres consonantes, como esferas platónicas que rechazan el contacto. Antes de que muriera el día, besé a Emerson en los labios. Dos siglos más tarde, me maté. Dos días después me vinieron diciendo cosas del espanto y del sueño y la vida, y bebimos botellitas de licor, de un trago y sin respirar. Una vez uno me llamó falaz y me dijo que "no existía", me disculpó por el resto de la humanidad y yo matado o voluble pidiendo perdón por no saber griego. Otro día me enfrentaron y me supieron expresar la incapacidad de ser yo al que le pasaban todas estas cosas (por mis rasgos de "Tiempo") y, al mismo tiempo, ser yo el que hiciera mis propias acciones. Les dije que "Emerson aquella vez, en verdad, en verdad les digo, se besó con toda la humanidad". Me perdonaron ellos también y al día siguiente crearon la metafísica. O se enteraron.

Así llego hasta estos días. Miren, miren como me ofrecieron el don de la parodia y así preludié esta entrada en este coso* con una cita narrativamente indecente, pero más inútil que hermosa o ágil o crítica. Así, miren, como puedo parodiar al otro, al anterior, al que suplanto. También puedo hacer esto: ºªº. O puedo hacer una lista de cosas hermosas y puedo configurar una serie de adhesiones a causas particulares:

1- Puedo empezar diciendo la supremacía artística de Tom Cruise quien, definitivamente, no habla sus libretos como si fuera un "analfabeto latinoamericano de la era de los maniqueos nacionales, leyendo en ruso" o como si "ayer se murieron todas las gracias del planeta y todos los hombres susceptibles de utilizarlas, menos una pero ya no tenía gracia". De esta manera, como pueden ver, empiezo con el olfato de parodiar al otro, al anterior, a ese Idealista.

2- Puedo continuar mi lista, entonces, con una negación de otra suscripción que el anterior (el hombre al que reemplazo) habría ejecutado con negligencia (según lo que creo negligente, claro). Entonces escribiría que: "Contrario, completamente, a la adhesión que el otro formulara de esta manera (y entonces detallo la adhesión que el otro formulara):

Y tal como dice Tucídides: Ellos son osados, intrépidos (...), vosotros (los espartanos)
sois cautelosos y no confiáis en vuestro poder ni en vuestro
juicio, (...) vosotros las odiáis (?) (...), vosotros no, (...) vosotros, (...) vosotros (...).
Para al fin agregar, Tucídides, con aire de consubstancialidad: "Los espartanos
son todos unos frígidos"

No puedo, a diferencia del otro (al que reemplazo) vindicar esta demostración de la alternancia de melosidad jactanciosa con hemorragia de escrúpulos, por lo tanto, la niego en otro de los dogmas de mi lista que aquí terminaría, en este punto (aquí:). (<---Ahí)

Puedo hacer muchas cosas. Como por ejemplo: puedo seguir parodiando al otro. Ahora puedo repetir algunos dilemas coronados al grado de existenciales, sabiendo, primero, las cualidades lingüísticas del otro, del anterior, del Idealista y repitiéndolas como deletreando cada palabra y pensándola hasta que se desmiembran los brazos, las piernas o las ramas. El otro, el de antes, decía muchas cosas y no decía nada. Manejaba la técnica de tomar la parte por el todo o de tomar ninguna parte por la parte y por lo entero. Utilizaba el recurso de la perífrasis eterna. Sus maneras de decir al perro iban desde el simple nombramiento "perro", a la enunciación indirecta: "cerdo, gato, mamífero" (eso es un perro). Otras veces podía desatarse el dilema y entonces no era este perro el mismo perro de otro texto. E incluso las formas del perro podían variar de un párrafo a otro, perdiéndose alguna pata o incluso el mismo perro. De esta manera, se prevenía utilizando el tecnicismo y la injusticia linguística que resumía en dos palabras dichas a contraluz o en penumbras y a la hora de la siesta: "¿Por qué decimos "Sonrisa", decimos "risa", pero tenemos que andar de un lado a otro para definir la "sonrisa en una boca con amalgamas dentales"?". Así, el otro, pedía que cada concepto tuviera su propia palabra y así terminaba el discurso diciendo que "osteometalloiinfectumrisaP" (en donde P es el artículo indefinido) significaba, en un ejercicio tedioso, la "sonrisa en una boca con amalgamas", que antes hubiera sido desdichada y hasta sin tecnicismo propio. Así o en griego.

Entonces, podemos seguir en ánimo de parodia hacia el otro, hacia el Idealista anterior (el de antes) decir que las preocupaciones ideo-geógraficamente (tecnicismo) más recientes, sabiendo ya que los ríos universalistas de la parábola se han secado (Referencia filosófica), se reúnen en el dilema de las "Patas de la mesa" o de las Mesoiinfectumpaton (término específico). De manera que uno, cualquiera, podría preguntarse "Si la famosa metáfora de los valores de la Italia de entre-guerras dicen que para prevenir el contacto de un cuerpo con un estado indeseable pero nominal, lo que se debe hacer es acariciar el lomo de alguna madera sin patas... ¿Pueden tocarse, para prevenirse de un imperecedero estado futuro, o para evitar que mis cachorritos se mueran o que Dios me escuche, pueden tocarse(repetición de las primera palabras) las mismas patas de la mesa, ya que son patas en si mismas y no poseen patas propias (elevación metafísica del mensaje)? Así uno dice. Entonces este dilema convencional hace estragos y la gente se muere o se mata o busca sogas de material resistente para ahogarse en un ventilador o en un objeto de alguna altura. Pero otros aún más deprimidos no tienen la altura necesaria y entonces no pueden llegar a colgar la soga desde alguna altura y entonces se matan(Dramatización del estado global). Como yo, que no llego al metro veinte o que estoy veinte metros abajo de la tierra (Un Espíritu e Idealista Empedernido están creados por contraste). O yo, que prefiero al espartano antes que al famélico e indestructible e incolgable Ateniense (Un Espíritu e Idealista Empedernido difieren en valores morales...

¡¿QUIÉN HABLA AHÍ?!...
¡No! ¿Quién habla allí?...
Un Espíritu, ¿allí?...
Uno...
¿Quién?...
Otro... El mismo que escribe
¿Escribe?
El mismo que habla. Hablamos.

)

*Coso en el original: Blog

martes, 16 de marzo de 2010

"Obras Completas" Un Espíritu

"Tales son los usos de la ambigüedad corpórea. Cuando no me busquen, ahí estaré. Cuando me busquen, también. Cuando me necesiten, estaré con algunos reparos referentes al reembolso de gracias santificantes. Cuando observen pasar el mundo ante sus ojos (observen pasar) el mundo ante sus ojos (hagan el mundo a los ojos)... Estaré. Estaré también en los recitales internacionales, en las juntas directivas de un consorcio hotelero y en las playas del sur de Bolivia. Ahí estaré. Tales son las formas que adopta la ambigüedad corpórea. Y que cuando no esté, ahí estaré."

Idealista Empedernido durante la Conferencia sobre la "Conferencia sobre
problemas mundiales que deberían ser renovados"citando a
Un Espíritu en la "Conferencia sobre problemas mundiales que deberían
ser renovados (Y el helio atmosférico)"

...y eso es todo lo que puedo decir acerca de los matrimonios entre gente de cuerdas vocales gruesas y los trastornos degenerativos de audición. Pero en el rumbo de los trastornos degenerativos, es importante confiar alguna luz a la más reciente publicación que algunas personas de algunos países estaban esperando. "Un Espíritu: Obras completas". Es quizás el libro más apto para una arritmia emocional y una migraña de felicidad de entre los libros de poesías, las poesías, los poemas y los decretos de necesidad y urgencia que se han publicado en los últimos tiempos. No contiene ninguno de los escasos escritos que Un Espíritu publicase hasta la fecha de mañana, pero es una recopilación de pensamientos que dos personas que lo conocieron hasta el bronco espasmo, supieron hacer y hasta, dicen los más avezados en la materia de la calumnia, intuir. Es entonces, una sucesión de intuiciones sobre la mentalidad de uno de los más grandes pintores sociales de las últimas décadas. Ayer por la noche sonó el catarro del perro mudo del vecino de la casa. Me trajeron el libro y lo dejaron sobre una alfombra como para que se congelaran, o al menos esta intención visualicé con apenas dos minutos de sueño de atrás y de mañana. No pude evitar pensar que esa era la facción de Un Espíritu y que tenía cara de "gordo, poblado, blancuzco y oliente". Esos adjetivos me parecieron muy acertados y me recluí en el sillón para imaginar (con mayor comodidad) el ruido de esa calificación que hacían sonar con la voz de la tradición. Estuve muy contento por esto.

El libro está dividido, tímidamente, en sub-libros. Pero estas categorías están seguidas por una invitación al "olvido de los sub-libros, según usted acuerde". Yo acordé encantado.

Ya en los primeros relatos, la naturaleza atrevida de la pluma sale a la luz, y me río un poco pensando en como sonarían estas letras ejecutadas por un grupo de neo-avant-prog-folk (revival) , pero después casi me mato de la emoción al recordar que Un Espíritu odiaba esas bandas "inmaduras" por considerarlas "amusicales". Esa es la capacidad neologística de Un Espíritu, que es también la sombra desperdigada en los subsuelos del imaginario colectivo.

El cuarto cuento trata de la muerte de un personaje que en realidad no existe ni siquiera en la ficcionalidad y de las procedentes investigaciones relativas al hecho que describe "tan sangriento como enigmático". El primer cuento no está y tal es la paradoja que Un Espíritu vierte con maestría. Me miro a mi mismo (a este fin me aproximo al espejo) y digo "Un Espíritu es el artista de nuestro tiempo".

En algún momento hay un cuervo en mi ventana y yo estoy muy feliz porque majestuosamente he adivinado la caligrafía de Poe en algunas líneas: dibujada hasta con cierta perfección que es la cifra de un dios. Mi agobiante costumbre de no leer los títulos me condena a la ignorancia. “Plagios”, así se llamaban esas líneas en las cuales había descubierto la caligrafía de Poe, la majestuosa caligrafía.

Sesgado por el alcohol, procedo a leer, del mismo libro, una novela de ochocientas páginas abarcada en solo cincuenta. Tal vez la influencia de Poe sea menos evidente aquí, porque se descubre simultáneamente la de Emerson, la de Dickinson, la de un viaje a la Antártida y la propia misma (que es un poco la de Poe). Pero más tarde el cuervo embiste y ya casi es una obviedad que el texto habla de un asesinato en medio de una boda que se resuelve con una ambigüedad escalofriante. Dos minutos y uno entiende que tal ambigüedad es el objeto del relato y los suicidios, martirios o congestiones que de esta puedan resultar. Adjuntadas, unas notas periodísticas acusan varias imperfecciones en la cuestión de la técnica narrativa. A lo largo de la novela de ochocientas páginas abarcada en cincuenta, personajes mueren para después vivir o un día son jóvenes y a la otra página o al otro año gozan de la insuficiencia renal. Y estas insuficiencias solo puede adjudicársele a un viejo. O están casados y después son monjas (casadas). Todos estas inconsistencias en la trama que algún iluso podría llamar “inconsistencias en la trama”, no son más que un estilo del que Un Espíritu abusa en la supremacía del efecto por sobre la coherencia. A unos pocos kilómetros, en un apéndice, se sintetizan algunos debates pretéritos con motivo de las insuficiencias renales en la juventud.
No puedo evitar sentir el manotazo en la puerta y yo vuelvo a estar feliz porque Un Espíritu escribía un poco bien y porque adiviné que es alguno que hace encomiendas, el que está golpeando en la puerta. El hombre de las encomiendas me dice sobre mi perro que le come los geranios y yo no puedo hacer menos que mirarlo un poco y decirle “adiós vecino”. Se va a su casa. Dos horas después aparece el verdadero hombre de las encomiendas con una nota de parte de un amigo en letra roja:

“Todo es una parodia”

Así reza la nota de mi amigo, ilustrada en rojo para que uno conozca su terror.

Una vista flaca por sobre los espacios más invisibles de mi habitación hasta ver el libro, el libro de Un Espíritu cayendo con el peso de sus veinte mil volúmenes resumidos en uno, cayendo así contra la mesa de una madera que no se dice porque todas las maderas ya se dijeron mucho. Ese libro resulta ser una parodia, según lo que mi amigo (¿roble? ¿pino? Es inútil). Sus obras completas no pueden ser una parodia. Pero pueden.

La lectura del volumen continúa con una historia cuyo desenlace se produce en la eternidad y con cada verbo y cada acción y cada rasgo facial prologado por un "eternamente" que le confiere el carácter simultáneo a la obra. A los ocho verbos he concluido que la muerte es un horror. El argumento del siguiente relato no importa demasiado, su verdadera característica consiste en la incoherencia de la numeración de las páginas, que ofrece un efecto de "infinidad" que a uno lo asusta. Uno lee la "200", para pasar a la "300" o, aún peor, a la "500" o a la "10", de modo que debe volver a la "primera página 10 que ya se leyó", para descubrir que "El canto del canario sobre las termópilas (Canción de Jerjes)" tiene una nueva resolución relacionada con cerdos y hemorragias. A partir de allí, la ejecución es más vaga e inabordable.

Un último segmento me hace llorar. "Epitafios" es, como su nombre parece indicar, una recopilación de epitafios. "Al más invencible" reza uno. "Vividor hasta la muerte (hasta el cedro del cajón)" reza otro. Un último, es un sistema de enumeración de prostitutas usufructuadas, abordadas o enamoradas en vida "para los honores del difunto". Finalmente, una recopilación de poemas breves (y capaces de ser omitidos) y frases célebres. De ellas, las menos olvidables:
"¿Quién quiere negros habiendo tanto cine hollywoodense?" (Un Espíritu en la conferencia "¿Por qué negros?")
Otras pertenecientes a su colección personal en hojas oficio blanco mate:
"El comunismo es una forma de la mediocridad"
"El capitalismo es una forma de la mediocridad"
"La mediocridad bienintencionada, es un don"
"La democracia basada en el poder de unos pocos. Esa es nuestra idea de gobierno."
"Llámenme circunciso, pero es preciso economizar la cultura."
"¡Oh, madre Rusia! Es necesario felicitar al pueblo ruso. Y, además, es muy meritorio."
"Si, querida."

Al finalizar, supe que mi amigo tenía razón. Era una parodia, una parodia de todos nosotros, ¡artistas del hambre! ¡artistas de la perspicacia! ¡de la vanguardia! Y todo por ese sinvergüenza de Un Espíritu que yo creía tan abstracto y tan "sombra desperdigada por parte del imaginario colectivo", tan "idea per otro", tan "analogía de las culturas dominantes y de la etnografía estructuralista". En cuanto a mí, esperaré por su, aún más exitosa, secuela.

viernes, 12 de febrero de 2010

Come on! Sing with me

"Estaban interpelando a mis amigos. Estaban interpelando a mis amigos. Estaban interpelando a mis amigos y por un momento no tuve amigos pero después los tuve. Y después los tuve. Y después los tuve. Y era unos cuatro centímetros. Y era unos cuatro centímetros. Y era unos cuatro centímetros de veinte metros cuadrados repletos de narcisismo, interpelando a mis amigos. Oh, oh. Está interpelando a mis amigos. Con su narcisismo, con su narcisismo. Está interpelando a mis amigos. Oh, oh, a mis amigos. Oh, oh. A. Mis. Amigos. Amigos. Aunque ellos fueran, mis amigos, fueran otros y no un brazo o una pierna o un muslo dentro de la variedad vital que esconden. Los cuatro centímetros. Narcisistas. Oh, oh. Que están interpelando a mis amigos. Ya no. Es tan. Narcisista."

Miraban. Escuchaban. Se querían morir o se querían preocupar pero antes otra cosa que se olvidaron por el desuso y que no existía. Era como hacer cosas que no existían. Pensarlas. Por el olvido. Preocupados por los Sistemas Públicos de Interpelación.

"Oh, oh. A mis amigos. Están. Interpelando. A. Mis. Amigos. Me acerco e interpelo. A los cuatro centímetros. Le digo. Le digo. Que está interpelando a mis amigos. Oh, oh. A mis amigos. No me contesta. No me contesta. No me contesta que está interpelando a mis amigos. Pregunto. Pregunto. No me contesta. Tiene un arma. Tiene un arma. Tiene un arma entre las manos. El arma. Me advierten y abro las manos. Yo tengo el arma entre las manos. Oh oh, y mis amigos morirán. Están interpelando a mis amigos."

Cómo estábamos cerca, escuchaban con perfección y le iban dibujando alguna nota en las cejas y en los labios

-¿Qué dice?
-Canta
-¿Esta es una canción?
-Es LA canción. La escribí.
-La cantó mal.
-¿Entonces no hay interpelación?
-Puede que si.

Se miraron consternados o despreocupados. Yo no los miré porque estaba llorando y uno cuando llora no mira. O es una mirada que no cuenta. Y menos con estos anteojos que uso que son anteojos "como cualquier otro".

-La cantó mal ¿Vos escribiste esta canción? No parecía. Creí que estaba relatando.
-Lo estaba. Y si, yo escribí está canción durante un soleado.
-La cantó mal.
-¿Estabas preocupado?
-Si. Cuando habló de la interpelación pensé que en cualquier momento podría venir alguien y preguntarme acerca de mis motivaciones, las que justifican que esté acá.
(Se ríen)
-No hubieras sabido que decir (Se ríen) Si. Era una canción.
-Está muy bien.

Se alejaron los que escuchaban y pensaron que estaban muy tranquilos. Era una canción y no eran tantas palabras como las de decir que "cantó mal" o que "está muy bien". Se fueron y estaban tranquilos. Al que cantó, no lo volvieron a ver. Estaban tranquilos.

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Traducí esta nota al Esperanto aquí
Y leeme mientras ni siquiera entendés el significado individual de las palabras.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Si esto fuera magia, este posteo podría haberse llamado "La magia de Miles Davis", pero se llama "si esto fuera magia..."

Miles Davis es uno de esos nombres que se escuchan hasta en ausencia del oyente. Miles Davis, compositor, músico de Jazz. No quiero pecar, no, no quiero, (lo escribo con una mano y la otra, paralelamente, acaricia el lomo de las sagradas escrituras), no quiero pecar de formal, pero Miles Davis es la suma de unos discos, Miles Davis es 183 álbumes según el registro de RYM: ( y RYM es un registro cuidadoso que gente sin nombre y de respiraciones presuntamente esporádicas hace: ) cuarenta mil usuarios, dividido en etapas de su carrera, nueve según Wikipedia, signadas por una discográfica, por elementos constitutivos de la música, o por un color. Con o sin John Coltrane en el saxofón. Miles Davis nació en 1926 y

Se trata de una de las figuras más relevantes e influyentes de la historia del jazz

según Wikipedia. Trompetista, afinidad por la fusión y el bebop. Oriundo de Alton. De madre música. Miles Davis (John Coltrane en el saxofón) creador del sextet y el quintet. Miles Davis, con una ferviente preocupación por la estética de las drogas duras tales como... como, claro... Miles Davis es, (y no quiero pecar de insensato o subjetivo pero) uno de los genios de la música del siglo pasado, y es un gran logro considerando que nació en 1956 o en 1936 o en 1926, Miles Davis es una suma de unos cuantos álbumes (según RYM son... ¿?). Uno de esos nombres que se dicen hasta en ausencia del escucha. Y suelo ser reticente a esos nombres, pero un día se alinearon los planetas o el teclado cobró vida propia (en una inédita conspiración con El Mouse) y fue penetrando páginas, dibujando preguntas, deletreando pedidos. Y no es que quiera pecar de congruente o exacto, o concreto (nada es concreto en Internet, ni siquiera el ruido de una restricción, o el alerta de una peste informática) pero debo decirles que es por eso por lo que no tengo Anti-virus y que, además, el teclado, en su paroxismo de baile negro estadounidense de fines de los sesenta, a tal ataque de vigor le sumó un "+ Mediafire" y entonces "Miles Davis" (John Coltrane, saxofón) estaba en mi pc, porque un extraño me lo ofrecía. "Kind of blue", (ahora mismo termina "So What") "Kind of blue" estaba en mi máquina. El amor a primera escucha no existe, pero creo que en esa tarde gris que a la computadora no le interesaba, y a Miles Davis (John Coltrane, saxofón), a Miles Davis tampoco, en esa tarde gris lo inventamos. El órfico despertar de mis zapatillas y el siseo del taco contra el suelo, me provocaron una risa, y yo estaba un poco feliz porque Miles Davis (John Coltrane redefine el concepto de eco, John Coltrane, Saxofón) estaba archivado en mi computadora y además sonaba, por unos parlantes que el teclado se encargó de prender. De técnica no se nada, pero basta la belleza, que a veces es una fracción de segundo, la mitad de la nota y la deducción de las siguientes, y otra nota y la subsecuente confirmación de las siguientes, y a uno le sobran endorfinas en el recipiente, entonces no hay razón por la que cuidar de las medidas que se están bebiendo. La estética de Miles Davis (trompetista, murió a los 65 años) es perfecta. La ejecución es menos lenta que múltiple, porque la magia que guarda él, o que pulsa Tortoise, o que guarda la percusión en Can (o en grupos más recientes como Boredoms), es una multitud de sonidos que no se oyen, ni se emiten. Se intuyen. Es la sumisión del inconsciente a una experiencia menos efímera que milagrosa: la experiencia de sentir que, más allá de la canción que se grabó en el cd, hay una gama de sonidos que se desprenden como por intuición o, en un sentido muy estricto, como por "método de deducción de implicancias lógicas". Y entonces uno no sabe si el simple pensamiento respecto de estas materias del intelecto, es un plagio y entonces prefiere acallar las notas con otra composición (ahora suena "Blue in green") o si este pensamiento, estos sonidos que se multiplican con el verano de la aracnofobia, uno sabe si estos sonidos son de la propia autoría de quien los escucha. Ni siquiera se sabe si el que está al lado puede compartir este festín de sonidos encasillándose en una construcción enclenque que poco a poco toma la forma que el sol le confiere. Si, así digo yo, Miles. Tócala de nuevo, porque yo te conozco ese piano (ahora muere "Blue in green", pero, ¿leen lo que escribo? lo sigo escuchando). Es

un millar, un conglomerado de brevísimas ejecuciones ¿Las oís? Claro que si, si tienen que estar dispuestas ahí desde el primer pensamiento, técnicamente calculado su momento, humildemente insertado. Consciente, siempre concientemente. Es el eco que va multiplicando "Blue in green" (que ya terminó). Sentate. Vos no sos Miles Davis (más de treinta discos a la venta) y vos si que estás pensando en la infinidad de gotas que esperan a que pongas un pie afuera de mi casa, para descocerse de un entramado que ni siquiera ves porque han fijado las nuevas leyes de la perspectiva (repasas el manual orientador con la perfección del heresiarca) y a nosotros nos parece un acometido barbárico. Ser diminuto cuando nos separan dos, cinco, ocho metros, y entonces las gotas aparecen potenciales hasta la inexistencia. El teclado perdió su sensualidad, para nosotros y para él mismo. De él no hablemos. Hablemos de lo que se escucha ahora. Sentate, no va a llover hasta que te indignes a salir de mi casa. No preguntes. Oí. No. Vos. Vos oí. Yo, incurriendo en la fatalidad del presente, yo ya lo oigo (Miles Davis grabó más de veinte álbumes de estudio). Oís. Y no es que de los once minutos de "All Blues", aún el parlante escatime en seis. Es que todavía siguen sonando algunas estrofas de "Blue in green", aún cuando murió hace cinco minutos. Me jura que oye, pero yo creo que algunas cosas las entendemos porque odiamos la privacidad del otro, e irrumpimos por lo que dejó de ser un pedido o una pregunta, y ahora solamente es una de las formas que tengo de jactarme: "¿Oís?". Lo jura. Le digo que se vaya, que tiene que llover. Andate, que tiene que llover. "Lárgate, que tiene que llover" (Lo carcelario del cinturón que me fulmina las costillas, también me priva de algunas locuciones del castellano) (Miles Davis, compatriota de algunos, compatriota, hijo de familia)

Ya pasaron dos meses. "Kind of blue" sigue en mi equipo, en la desprolijidad de lo que no entiendo (Miles Davis, tocaba de esos instrumentos que viven el impulso del aliento, vivió ¿65? años). Yo creo que nunca debería haberlo escuchado, nunca "Kind of blue", por estas consecuencias (que algunos supusieron "consecuencias indirectas") que yo supongo deductivas. Hace dos meses que "Blue in green". Hace dos meses que sigue sonando. Pero no es Blue in Green ("Kind of blue", DAVIS, Miles, 1959), son los ecos de ese pasado Blue in green. Es fácil de entender como para cualquiera. Bajaste un disco de Miles Davis, lo ejecutaste con la presura del inexperto y vos leíste, claro, que eran once minutos en los que distribuían las notas de Blue In Green. Once agraciados, constantes, justos y acatados minutos. Una persona te acompañaba y le tenía miedo a la lluvia. Bajaste la mirada y eran las diez y cincuenta del diez de abril, con Blue in green (de Miles Davis, aficionado al billar, que es una forma de la música concreta, LO EXIJO) habiendo venido en auxilio de mis apacibles oídos recien a las diez y treinta y nueve. No es tan difícil de entender. Se cumplió el plazo y seguía sonando. Y no hace a la resolución deste misterioso caso que la canción exceda los once minutos exactos y que ahora sean los segundos restantes los que siguen maquinando: ya pasaron dos meses y es un eco, ya no importa ni Miles Davis, ni la sequía climática en el norte, ni la relatividad del tiempo. Uno me dijo que era conveniente adoptar esas voces como el silencio del que gozan todavía algunos. Yo digo que el silencio empieza y termina en si mismo, en el silencio. Qué el silencio sale de adentro, de las cuencas llenas de los ojos (pero de entre los espacios intersticiales). Pero después están las notas deducibles de Blue In Green, que presentan una indiscreta metáfora de a variedad. Un día puede ser una muerte. Otro día un espejo, el mismo día la multiplicación y las leyes simples de la matemática financiera. Otro día son una mujer que no me mira porque no me atrae. Un particular día es la redundancia (de un espejo, o de una muerte o de una mujer). Una vez es la intimidad y eso significó un alivio barato que se disipó en horas. Ni la homeopatía ha curado este mal, ni la astrología ha predicho una cura homeopática. En algún momento me río solo (el único que me escucha es Blue In Green), me río por la paradoja del silencio en el que guardo conmigo mismo esta vasta cantidad de sonidos ruidosos. Hace dos meses que no duermo. El señor F. me hizo presente, ayer, en su despacho. Me amenazó con el despido, con una daga y otras algarabías de la muerte. Lo que más me asusta de aquel hecho que se volverá rutinario, es la soledad que avendría con la pérdida de trabajo.El señor F. comunicaría al señor P. de mi mala conducta laboral. El señor P. a los señores K. y J., que tan vecinos son entre ellos. Y así me negarían cada puesto laboral y mi soledad se haría más patente, mi soledad con Blue In Green. El señor F. ha preservado siempre una conducta intachable, despacha los sobres con la habilidad de Mercurio y tiene dos hijos, cuatro nietos, una esposa muerta, una esposa viva y una amante. Yo creo que me permitiría el empleo por algunos meses más. Cuando llegue el momento, me despediré, alquilaré un bote y me perderé en alta mar, en donde nadie conoce a Miles Davis. Un amigo se atrevió a pronunciar la idea de que solemos profesar la identidad de dos distintos a partir del efecto que causan, siendo tan afines a las leyes de causalidad. De tener razón, la situación se resolvería con el silencio jugándome una mala pasada, después de haber conocido las suertes de Kind of Blue y con el insoportable mutismo que me reclama escuchar a Miles Davis. De cualquier manera, el suplicio es Blue in Green. (Miles Davis, . . . )

jueves, 21 de enero de 2010

El tiempo libre sangrando, muriendo y pidiendo "Auxilio, Divino". Divino no escucha


Mientras pensaba ciento treinta y dos variaciones diferentes de morir sin ensuciar mi playera* (en secreta y horrorosa colaboración con las películas de George Romero), recordé, milagrosamente, que, hacía mucho tiempo, me había propuesto con harto entusiasmo hacer valer los derechos de los jóvenes y las bondades naturales del prejuicio, con un gráfico de esos en los que prevalecen las etiquetas llenas de gracias. Todo para demostrar que la capacidad de vergüenza propia es inversamente proporcional con respecto a la edad; y la edad, a su propia Vez, inversamente proporcional a la vergüenza ajena. La propia Vez de la edad me pareció muy impropia y me morí o me horroricé o me dormí. Fui un poco feliz con este caudal de cuestiones que se presentaban de manera inédita por debajo de mi calavera y que me revelaban nuevas ocupaciones. El culmen de la eternidad inmóvil, el culmen de la felicidad de museo, llegó cuando pensé que para poner en marcha este último proyecto, podría utilizar uno de esos complementos de Microsoft Office que siempre leo por arriba pero se que existen y se llaman PowerTronicNintendo. Después, no quedaba más que intuir que la hora de la carne pálida** sería antecedida por un golpe metálico y sinfónico de reloj, y que ese golpe era más inminente de lo que pensaba. Pero eso lo intuí cuando recordé que otra cuestión esperaba de mi ejecución: tenía que obtener, de cualquier manera posible, el soundtrack de Los Sims y, tras unos sofocantes minutos, decidir cual era la canción más depresiva. Demasiados pensamientos y un tiempo demasiado completo y demasiado real, mis cuentas pendientes me iban acelerando los días. Súbitamente, una taza de café con leche descendió del cielo y se encendió porque dijo "tú eres el apóstol de la vida", y yo casi creí que me moría. Dediqué el tiempo restante a eliminar de mi mente, el momento en el que eliminaba de mi mente, la acción de eliminar de mi mente los minutos anteriores a La Venida del Café con Leche, y lo llené con arena.

Y cuando pensaba que mi mente aparcaría* su motivo angélico y me concedería, en forma de monedas de oro, unos minutos de descanso, en ese momento entendí que todavía existían otros temas que necesitaban de mi intercesión. Como decidir cual de los siguientes comerciales* es más bizarro.

La cruz de la plegaria. Nunca antes, usted gozó del milagro de un cilicio de bolsillo.


"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, así empieza una de las más importantes plegarias del cristianismo. Y ahora, está plegaria podrá estar siempre cerca de tu corazón (Eso queda a la izquierda) con la "Cruz de la plegaria" de colecciones Montebello. Esta cruz esconde ¿durazno? (¿wtf?) una piedra secreta que, a contraluz, revela el "Padre Nuestro", entero, delante de tus ojos (Ver para creer) ¡Observa a la gente sorprenderse por primera vez ante esta mágica experiencia! (Me asombra la capacidad argumentativa, "Vos, no-cristiano, debes adquirirla si te excitas como un impío ante la cara de sorpresa de tu prójimo") Esta cruz utiliza cristal auténtico y una fidedigna roca austriaca (Subliminalmente adorable), creando, no solamente una magnífica pieza de joyería, sino también un importante accesorio espiritual (claro porque "lo material para lo espiritual"). Cuando lo colocas ante la luz, (bla bla bla), aparece instantánea y milagrosamente (sic) la plegaria a nuestro señor. Disponible en tamaño para adultos y para niños (dejen que los niños vengan a mi), es un excelente regalo para cualquier ocasión. Cada una de ellas viene con un certificado de autenticidad (¿Indulgencia plenaria?) y una hermosa caja (Si, un de esas me vino con mi lapicera Paper Mate, pero tampoco por eso hice un escándalo)... bla bla bla... Pascuas... Navidad... Jalea..."


Listen Up!

"Cuando pensaba que me estaba perdiendo de algo, cuando creía que el mundo era una bola de grasa distante que no entendía mis comentarios, di el gran paso que todo hombre da en algún momento de su vida: Hice un curso de Geología, Mejore mi gramática y adquirí Listen Up!, el amplificador de sonido."

Idealista Empedernido al ser interrogado
respecto de la quema de pastizales con
música de Pipo Pescador, de fondo




" '¿Puedes apagar la televisión, por favor?'
¿A veces molestas a otros mientras miras televisión? (La típica pregunta de apertura. Love it)
'¡Eso no debe estar tan fuerte!'
¿La gente te pide que bajes el volumen?
Ahora, tienes Listen Up!, el amplificador personal que te permite subir el volumen para ti, sin tener que subirlo para los demás. Cambia el sonido normal, por sonido extraordinario. Es más pequeño que una tarjeta de crédito (¿Y eso?), y es tan poderoso, que puedes escuchar la caída de un alfiler (Mi gran problema, después de la quema de pastizales) o escuchar una conversación a 100 pies (¡WOW!) de distancia (Apología del hostigamiento sexual o la violación de la privacidad)
(Una anciana escuchando...) '¿Conociste a los nuevos vecinos?' '¡Si!' 'Yo lo conocí a él, parece agradable' (Este es el tipo de información que Facebook o la CIA recoge)
Sólo colócate los auriculares y sube el volumen. Ahora puedes ver televisión de noche o escuchar música, sin molestar a nadie ¿Siempre quisiste escuchar conversaciones lejanas? ¡Ahora puedes hacerlo discretamente!
(Uno ejercita sus músculos-de-brazo mientras escucha a unas muy distantes señoritas...)'Tiene buen cuerpo, ¿no?' 'Es muy lindo'.
Úselo en eventos deportivos o para escuchar los tranquilos sonidos de la naturaleza (Ahora si, creo que necesito uno). Jamás se perderá una palabra en Lecturas (?), Películas (Que están viendo en la casa de al lado, claro), Shows, ¡o incluso en la Iglesia! (Nunca nadie entendió el latín. Ni el castellano pastoral) Es una buena forma de cuidar a los niños (Capta el sonido de cualquier ser humano, incluso el de un violador)... bla bla bla"

Al terminar este tipo de comerciales, solo se presenta una última duda: La anciana del segundo 36 ¿Estaba revisando la correspondencia* ajena? ¿Fue el Quijote de la Mancha el primer viajero del tiempo?

Gráfico que intenta justificar mi tiempo libre y la teoría de las vergüenzas




La flecha azul demuestra que las personas que se convierten en espectadoras de un comercial de Tv Compras, pueden mantener sus altos estándares de "Verguenza" de por vida. Claro que en un nivel menor de aquel que tiene un adolescente normal, debido a la tendencia sociópata de estas personas de alistarse en el ejército o en Green Peace. Esa es gente sufrida.




* Uso del español neutro para fomentar la visita de todas las razas latinoamericanas*** Más información aquí
** La playa fue un perfecto lugar para ensayar nuevas metáforas
*** Cuatro palabras que conducen a una única anotación, eso si que es nuevo.

martes, 12 de enero de 2010

After something. Before something. The something.

En la habitación no había ventanas porque dsdh sh yijnind. Nos pareció estrafalario pero sonreímos de a poco, porque ¡dsdh! y en ese contexto, un exceso de la imaginación. El eco no les existía porque los espacios habían sido construidos con la medida de las limitaciones. Al tiempo lo contaban por una constelación de chasquidos en la habitación, con una constelación de chasquidos en la lengua, y eran trescientos chasquidos, "tch, tch, tch: dos años". Pero ni uno solo de esos chasquidos que escuchábamos era un eco , porque habían construido las habitaciones pensando en la potenciación, en la suma algebraica, el olvido y otras vagas propiedades del intelecto, y entonces habían sentido que el chasquido era tan pequeño, en comparación con una montaña o la suma de dos infinitos. Después de los cuatro mil chasquidos, todavía el sol me pegaba en el ángulo menos sensato del cráneo, de ahí que pensásemos en la deficiencia de su kronos. Uno me dijo que ellos concebían un tiempo personal, y que para ellos, el tiempo, era la distancia de un pensamiento a otro. Era la negación del tiempo. La falta de coherencia me maravilló y después me hablaron de ghu ynyjiutu (...). Recorrimos las bibliotecas que improvisaban con la pluma de un niño, sobre el suelo. Notamos que el estante mayor estaba vacío, pero en el que estaba debajo, "el estante de debajo", un desorden perceptible, una falta de coincidencia en los lomos, la horizontalidad de los tomos, la contratapa al descubierto e incluso el montón final de libros en el suelo (a la sombra del estante último), nos arrojó que su concepto de "Biblioteca" se sintetizaba con: "el lugar en donde caen los libros y el montón de libros caídos", tal explicación estaba escondida en un balbuceo y el entendimiento nos costó veinticinco mil chasquidos. Vimos una biblioteca en la cima de un pinar, en un lecho mortuorio, pero más nos inquietó la que tenía forma de estantería. Hablaban y sus lenguas nos parecieron tan oportunas, que creímos necesario abandonar todo rastro de nuestro idioma. Escupimos. Era una dicotomía de lanzas envenenadas con pólvora anesteciante. Pero más las lanzas. Su vocales estaban tan consumadas, sus consonantes eran tan espontaneas, el grito onomatopéyico signaba el curso de las oraciones. Descubrimos el curso de las oraciones. Predijimos el curso de las oraciones. Era la lengua de la lengua, y la palabra de la luna era la luna. Estábamos tan felices que hacía ochocientos años que practicábamos el arte. Después nos guiaron por la cima de una biblioteca. Vimos un ave. Falleció. Vimos un hgisjdj, fallecieron todos menos dos y menos yo mismo, que entonces relato. Un zaguán hecho con los tomos de un libro teológico anunciaba el área de la literatura fantástica. Abrimos un libro y nos olimos en las líneas. Leímos a una mujer casta de tanto blanco uniéndose con un hombre en una dicotomía feroz. Leímos a la mujer. Leímos un falo. Leímos al hombre. Leímos un perro sobre los pies de un humano. Leímos pies. La democracia, un gobernante. Leímos la república y leímos las banderas, los escudos, un himno, leímos el catarro que lo pronunciaba. Leímos una prostituta, leímos el mar en verano y un centenar de familias que comían arena en contra de las voluntades. Leímos la contra de las voluntades. Leímos la familia y eran más de cuatro, el poder, la fama, el orgullo. Sus poderes metafísicos estaban hambrientos. Reímos porque la cortesía. Después nos alejamos casi asustados, y nos hicimos prometer algo entre llanto. Y ahora corremos, pero hasta llegar a la nave, hasta abordar la nave y escapar de estas tierras misceláneas, tortuosas, dejar de udji sdhdhyo y de dsjsjk kak. El viaje inició y yo pensé que "La Iliada" en las manos de uno de ellos, les hubiera causado risa, y de tanta risa, "La Iliada" en el suelo. Pero no hubiera sido una Biblioteca, ¡cómo se reían cuando dijimos biblioteca!

jueves, 31 de diciembre de 2009

Las vueltas

Cómo las presencias no se iban (y me lo habían advertido con una anterioridad imperdonable), me senté en la silla, a la mesa. En la mente se me representaron los pasos a seguir y pensé que la ejecución sería una redundancia. Me incorporé con velocidad cuando caí en la cuenta del error. Preparé la taza. Al café no lo preparé, a la leche tampoco. Volqué el café y después, recién, la leche. Repetí las medidas, "un litro en mi cabeza", en mi cabeza. Y a las dos repeticiones me di cuenta "olvidé 1 litro en mi cabeza" en mi cabeza. Pero tal era el curso del plan y tal era el curso de las repeticiones. Alguien silbó y yo me sorprendí, tan tranquilamente. El microondas. Un minuto y veinte segundos, en dos vueltas de rosca. Me pasé. Borrar. Un minuto y veinte segundos, en dos vueltas de rosca. Un minuto y veinte segundos en marcha. (Cruzó un gato) Fui en busca de otros utensilios de capital importancia. Galletas, siete y de a una. Sobre la servilleta, en el margen superior derecho. Siempre me pregunté las implicaciones incómodas que hubiera traído consigo el "las galletas en el margen inferior" y encima izquierdo. Hubo un susto y tomé la mermelada. Antes me agaché. Ahora, erguido, la taza. Son siete sorbos y con las burbujas subiendo hasta la explosión en la boca. Con las galletas es todo más complicado, porque dos mordiscos seguidos, un tercero separado, el cuarto y el quinto. El último solo. Antes de cada intervalo, hay una deglución. El fondo verde de la taza y la cabeza que duele. La lleno de agua y a un vaso también. Restan seis galletas pero repletas de todo. Un bolsillo está lleno de mano y ahora no, porque tengo que seguir, tengo...